El lugar de trabajo tradicional está decayendo y está cambiando nuestras ciudades.

How the Decline of the Traditional Workplace Is Changing Our Cities.

La proliferacion creciente del teléfono inteligente y el WiFi significa que hoy podemos trabajar desde cualquier lugar. ¿Debería eso transformar totalmente el entorno edificado de oficina?

EMILY BADGER Apr 19, 2013
Shutterstock

La tecnología ha hecho borrosas las paredes del lugar de trabajo en al menos dos formas dramáticas. La gente que hasta hace poco tiempo trabajó dentro de los claros confines de un cubículo, dentro de una oficina, dentro de una torre de oficinas en un distrito comercial, ahora puede trabajar desde casi cualquier lugar. Y dado que la distinción espacial entre trabajo y hogar (y en todo lugar entre estos) ha ido desapareciendo, nìtidas divisiones en tiempo también se están erosionando.

Incluso si aún tienes una oficina real a la que acudes todos los días, probablemente has experimentado cómo estas líneas se debilitan al mismo tiempo: Has caminado saliendo de tu edificio y entrado al metro, has sacado tu teléfono, y regresas a revisar urgencias en tu correo electrónico.

Estos cambios radicales relativos a donde y cuando se lleva a cabo el trabajo han sido provocados por mucho más que sólo la Internet. Dale crédito al ordenador laptop y el teléfono inteligente, el WiFi y la infraestructura de fibra óptica, seguridad computacional de VPN’s, la teleconferencia de alta calidad y la nube. En cuanto a tu propio ordenador? “Es sólo una cáscara”, dice Adam Stoltz, un estratega de inmuebles de trabajo con sede en Washington. “Es la cosa que me permite acceder a los datos”.

Normalmente hablamos de todo esto como una revolución en la tecnología, o en la naturaleza del trabajo en sí. Pero algo más también sucede cuando la tecnología permite a la gente cambiar donde trabajan y cómo usan el tiempo: El entorno que nos rodea también tiene que responder.

Por décadas, las ciudades han reflejado la nítida separación trabajo y hogar, con las residencias en una parte de la ciudad, y las oficinas e industria en otra, e infraestructura (autopistas, estacionamientos, sistemas de transporte ‘eje y rayo’) construida para ayudar a conectarnos entre los dos, en torno a lo que para muchos ha sido el día de trabajo de 9 a 5. Pero ¿qué sucede cuando más gente comienza a trabajar fuera de las oficinas, o en cualquier parte realmente – en todo momento?

De repente, necesitamos WiFi en parques, y ciertamente en los sistemas de metro subterráneo. Necesitamos más espacios físicos que sirvan a este nuevo estilo de vida: oficinas para el trabajo colaborativo y apartamentos para vivir/trabajar. Gente que antes conducía al trabajo podría encontrarse con que ahora quiere viajes mas productivos; ahora tiene más sentido subirse al tren de cercanías que le permite comenzar la jornada de trabajo una hora antes. En San Francisco han surgido redes privadas de transporte en torno a esta idea. Buses interurbanos ahora recogen trabajadores ahi para llevarlos a oficinas en Silicon Valley, pero los buses están equipados como oficinas móviles y la expectativa es que los empleados comiencen a trabajar en ruta a la oficina.

Algunas ciudades como Nueva York incluso han comenzado a cambiar la manera en como piensan sus intersecciones y calles en un mundo donde los peatones son más propensos a moverse mirando sus teléfonos inteligentes que mirando el entorno a su derredor.

Probablemente se necesitarán otros ajustes (grandes y pequeños). Nuestro entorno edificado ha sido diseñado para acomodar las formas como la gente trabajó (y vivió) hace 20 o 50 años. Entonces, ahora qué pasa cuando nuestro comportamiento cambia, cuando las maneras como la gente se mueve y necesita usar el espacio en las ciudades ya no armonizan con las formas tal como las hemos construido?

Stolz planteó la cuestión esta semana en una Conferencia sobre Intelligent Cities que se llevo a cabo junto con la reunión anual de la American Planning Association en Chicago. Como otros señalaron, algunos de estos patrones de trabajo en evolución no son nuevos en realidad; son un retorno a las maneras como la gente trabajaba y vivia previo a la Revolución Industrial, cuando, por ejemplo, los tenderos vivían en apartamentos arriba de sus tiendas. Podemos mirar hacia atrás, al lugar de trabajo de 9 a 5, no como la norma, sino como una reliquia del siglo pasado.

A medida que nos alejamos de ella, es interesante pensar no sólo sobre las implicaciones de cómo usamos nuestro tiempo y cómo definimos la idea de “trabajo”, sino también sobre lo que todo esto podría significar para las ciudades.

En el futuro, Stoltz se pregunta: “Si estuvieras planeando una ciudad, ¿realmente piensas que pudiera haber lugares donde no haya WiFi?”

Top image: Anatoly Tiplyashin/Shutterstock

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Acerca de salvolomas

Asociación vecinal, cuyo objeto es preservar la colonia habitacional unifamiliar, sus calles arboladas con aceras caminables, con trafico calmado, seguras para bici, parques, areas verdes, centros de barrio de uso mixto accesibles a pie y oficinas solo en áreas designadas.
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