¿Qué se respeta en una banqueta?

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En una banqueta, en una franja de espacio público caminable, se respeta a toda la ciudad. Ni más, ni menos. Mucho se ha insistido en el hecho de que la banqueta es el primer y principal contacto del ciudadano con el espacio público, alma de la ciudad. La banqueta, se ha dicho, es más pariente de la plaza que de la calle misma.

Esta noción esencial, la de la necesidad y vigencia de la banqueta como espacio de traslado peatonal, de encuentro y convivencia, se ha ido diluyendo conforme la vida de la ciudad se complica y congestiona.
Es notable, al examinar la evolución de la ciudad, el constatar cómo las banquetas fueron reducidas a su mínima expresión en muchos entornos centrales cuando el automóvil (con su voracidad insaciable) hizo su irrupción en la vida cotidiana. Examinando la distribución de las dimensiones de muchas vialidades céntricas se puede comprobar que el arroyo vehicular ocupa, innecesariamente, un porcentaje desproporcionado de la sección viaria en detrimento de las áreas peatonales.
Es comprensible esta fascinación infantil y un poco pueblerina por el coche y sus demandas. La gente que se amontone y se orille; el auto lleva preferencia en esta rudimentaria y primitiva concepción del transporte. Si bien las primeras décadas de la introducción del automóvil en Guadalajara (y en la mayoría de las ciudades mexicanas y del mundo) generaron esa inercia, hace mucho que resulta inadmisible.
Lo malo es que día a día, aún ahora, vemos que el auto prevalece, se posesiona y secuestra el espacio público y en modo creciente invade las banquetas y otros espacios publicos y privados. Miles de supuestos cajones de estacionamiento, malamente dispuestos sobre las servidumbres fronteras a las fincas, invaden las banquetas. En otros casos, la existencia de estas franjas de “estacionamiento” provoca que atrás de los coches más cercanos a la finca se estacione una segunda hilera de autos, suprimiendo definitivamente el espacio peatonal de las banquetas. El creciente uso de los estacionómetros de paga ha provocado una presión extra sobre los espacios peatonales por parte de los pusilanimes y avaros conductores incapaces de hacer el pago correspondiente de las cuotas por hacer el uso privado de un espacio publico.
Respetar la banqueta es respetar la ciudad, respetar a sus habitantes. Resulta incomprensible que las autoridades sean omisas en la instauración de una campaña permanente y eficaz de respeto a las banquetas. No solamente en el aspecto de que no sean invadidas por los autos; también en el sentido de que estén en buen estado (obligación de cada propietario), de que no se obstruyan con puestos de diversa índole, ni otros obstáculos. 
Como la proverbial ‘ventana rota’, que incita a ulteriores daños contra cualquier propiedad, la agresión contra las banquetas es el primer paso para la general falta de respeto a lo que hace a la ciudad habitable y compartible, segura y confiable, caminable y disfrutable.

Viernes, 24 Febrero 2012 por Juan Palomar Verea

Acerca de salvolomas

Asociación vecinal, cuyo objeto es preservar la colonia habitacional unifamiliar, sus calles arboladas con aceras caminables, con trafico calmado, seguras para bici, parques, areas verdes, centros de barrio de uso mixto accesibles a pie y oficinas solo en áreas designadas.
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