Chapultepec: más participación, menos consulta

Chapultepec: más participación, menos consulta

Origen: Chapultepec: más participación, menos consulta

Por: Xavier Treviño (@xtrevi)

Independientemente de tu color político, de tu opinión sobre la acción social e incluso de si tienes chance de ganar o no, tu estrategia al oponerte a algo será eventualmente llamar a una consulta. Obras viales, transporte público, ciclovías, parquímetros… en movilidad urbana los ejemplos son muchos, aunque como en muchos temas en este país, están poco documentados y las historias son mal contadas.

Pero por demás ¿quién se puede oponer a la participación? Los beneficios de incluir la participación de actores en las decisiones públicas o privadas son muchas y bastante claras: legitimación social, mejor diseño, menor costo y tiempo de implementación, que a su vez generan beneficios innegables como mayor eficiencia de la inversión, menores impactos negativos o reducción del riesgo por decir algunas. De hecho no tendría sentido racionalmente dejar de involucrar a los actores afectados por una decisión. Pero resulta que no necesariamente consulta=participación.

Me acuerdo de las asambleas estudiantiles infinitas que terminaban votando lo importante a las 3 de la mañana. Y no hay nada másdemocrático que una asamblea. Las consultas plebiscitarias de si vs no además generan una polarización que rara vez es recomendable en políticas de ciudad. La consulta de parquímetros de 2013 en la Roma-Condesa generó la división en dos zonas en función del resultado de la consulta: una con parquímetros operados sin ningún ajuste derivado del contexto local, y otra sin parquímetros pero también sin ninguna otra medida de gestión del estacionamiento. Probablemente el punto ideal está en algún lado entre esas dos soluciones [una operación ajustada al contexto] pero la configuración de si vs no de la consulta impidió acuerdos y fortaleció una polarización costosa e inútil.Me acuerdo de la consulta que impulsó Morena para oponerse a la reforma energética, y de las consultas subsecuentes anunciadas por PRI, PRD y PAN sobre tres temas diferentes, sospechosamente reactivas a la primera. Ninguna de esas cuatro consultas propuestas tenía la finalidad de participación en el diseño de la política pública. No digo que no cumplirían con objetos sociales importantes, solo quiero reforzar el hecho de que no necesariamente consulta=participación.

Un nuevo caso para ilustrar esto es el proyecto que impulsa ProCDMX, la Agencia de Promoción y Desarrollo del GDF sobre Avenida Chapultepec. El proyecto consiste en la renovación de Avenida Chapultepec financiado a través de la explotación comercial de suelo público. El modelo utilizado fue concesionar la avenida a ProCDMX [una empresa de participación mayoritaria del GDF] y definir un proyecto de coinversión, seleccionar un inversionista y diseñar un modelo de negocio que incluye un proyecto vial y arquitectónico con una estructura elevada a lo largo de la avenida.

El modelo de financiamiento es nuevo y tanto la regulación como la experiencia para este tipo de proyectos es todavía muy reducida. Pero para proyectos privados la experiencia es muy amplia. Esto puede llevar a que el procedimiento utilizado para esta asociación público-privada pueda ser eficiente para distribuir riesgos, inversiones y ganancias privadas, pero no tanto cuando se trate de garantizar el interés público. Es un hecho que el proyecto respetó las normas sobre concesiones tanto en la Ley del Régimen Patrimonial y del Servicio Público como las Reglas de carácter general para determinar la participación de la administración pública del Distrito Federal en proyectos de coinversión, pero desgraciadamente eso no necesariamente implica que el proyecto está bien diseñado.

El problema es que lo que se consulta generalmente es un proyecto final con todos los estudios, justificaciones, detalles constructivos y modelos financieros ya elaborados y planchados. Varias veces desde la sociedad civil hemos planteado a políticos y servidores públicos la necesidad de preguntar antes y no después de elaborado el proyecto. La respuesta ha sido sorprendentemente similar: si pregunto antes de tener el proyecto final puedo poner en guardia a los opositores… Ah, los opositores, ese oscuro grupo de interés que conspira desde su escondite y que siempre está al acecho del incauto servidor público que pone su tiempo y su trabajo al servicio del interés colectivo.

Bajo esa óptica miedosa, consultar es algo que uno organiza no solo cuando está el proyecto ya terminado, sino que además ya se intentó implementar y no se pudo por algún tipo de resistencia social. No puedo evitar pensar que si el proyecto en Avenida Chapultepec no hubiese tenido una oposición tan fuerte, nunca hubiese habido consulta. Por eso consultar a posteriories reactivo, polariza y rara vez lleva a un mejor proyecto. Mil veces preferible que el diseño sea participativo, es decir que incluya los intereses, efectos y opiniones de todos los actores involucrados y afectados desde la etapa de planeación y diseño hasta la de implementación y evaluación.

Por eso antes que una consulta polarizadora en el caso del proyecto de Chapultepec, propongo:

  1. Un primer elemento clave para hablar de un diseño participativo en el proyecto es que tanto la declaratoria de necesidad como el propio título de concesión subsecuente y el proyecto de coinversión tendrían que cumplir en principio con muchos más criterios de interés público, incluyendo argumentos acerca de los aproximadamente 20,000 metros cuadrados de comercio o la estructura elevada propuesta, de manera que además de asegurar la viabilidad técnica y financiera, también se aumenten los beneficios netos sociales, urbanos y ambientales. Por ejemplo, probablemente tenga mucho más sentido desarrollar comercio en la zona actualmente subutilizada del estacionamiento de la SSP que a lo largo del corredor entre Florencia y Lieja. La existencia de concesión no implica que una parte del proyecto pueda ser financiado con presupuesto público en vez de comercio en áreas mucho más valiosas como espacio público.
  2. En segundo lugar, el modelo de negocios no debería haber sido elaborado o contratado por la empresa seleccionada para la coinversión, sino por ProCDMX o por un tercer pagado directamente con recursos públicos para evitar conflicto de intereses con el inversionista y la garantía de mantener el interés público en el proyecto de coinversión. No se trata solamente de que no lo haga un tercero, sino que tampoco lo pague. Así el balance entre costos y valor generado mantendría la tasa interna de retorno del inversionista en niveles adecuados, ni tan bajos que no participen ni tan altos que signifiquen una ganancia injusta, pero sobre todo evaluando adecuadamente los beneficios sociales y ambientales. Yo defiendo el uso de Asociaciones Público Privadas para generar mejores proyectos, pero difícilmente puede sostenerse una APP en un modelo derivado de un concurso en el que solo dos empresas presentaron propuestas finales.
  3. Tampoco el proyecto vial y arquitectónico puede estar contratado por el inversionista como lo está el proyecto actual, aún cuando las reglas generales para proyectos de coinversión lo permiten. El hecho de que es la calle lo que se está concesionando [no cualquier predio público] obliga a que el proyecto ejecutivo sea elaborado directamente por el GDF o a través de un consultor contratado con recursos públicos, no mediante la empresa concesionada. La elección del inversionista debería estar claramente separada del proyecto vial y del espacio público para que el privado sea un vehículo para implementar el proyecto, y no que este simplemente sea una fuente de ganancia para el privado.
  4. La existencia de una concesión no puede omitir el hecho de que hay reglas para obras públicas y normas de uso del suelo, y el que la regulación tenga lagunas no puede ser justificación para omitir el cumplimiento de objetivos más altos, en especial incluir las opiniones e intereses de los actores involucrados, sean institucionales o no. Vecinos, comerciantes, desarrolladores, expertos y más tienen mucho que decir sobre el proyecto. La naturaleza flexible de las Asociaciones Público Privadas exige no solo incluir los mecanismos institucionales existentes de planeación urbana y obra pública, sino innovar nuevos mecanismos de participación social para el diseño del proyecto. ProCDMX no hizo ni una ni otra adecuadamente.

Estos cuatro elementos son claves para garantizar la participación en el proyecto. Convocar a una consulta exclusivamente sobre el proyecto arquitectónico, omitiendo estos pasos necesarios, es insuficiente y genera un alto costo social por la polarización gratuita que ha generado. Yo esperaría que ProCDMX atienda a las críticas al proyecto, tanto del modelo de negocio, el desarrollo comercial, el proyecto arquitectónico y el diseño vial, e incluya los cambios necesarios en el proyecto para resolver las críticas que tengan fundamento. De otra manera el mensaje sería: te consulto para que no participes.

 

@transeunteorg

Acerca de salvolomas

Asociación vecinal, formada con objeto de preservar la colonia habitacional unifamiliar preponderantemente, con calles de trafico calmado, seguras para la bici, parques, banquetas adecuadas para ir caminando a centros de barrio con comercios y servicios y oficinas solo en áreas designadas.
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