Los Centros Comerciales se disfrazan de Espacio Público – pero solamente quieren que compremos 

Origen: Malls:  They may masquerade as public spaces — but they just want us to shop – Salon.com

Malls of America: They may masquerade as public spaces -- but they just want us to shop(Credit: AP/Rogelio V. Solis)

La manera como los centros comerciales están reconfigurandose a sí mismos copiando a las Calles Principales de antaño, resalta nuestro deseo por espacios públicos reales

No hace mucho tiempo, descubrí un hombre enterrado en el centro comercial. Este centro comercial no fue erigido alrededor suyo, como preservando una reliquia sagrada. Fue colocado allí deliberadamente, sus cenizas enterradas debajo de un hogar para fuego hecho de ladrillo, colocado entre arbustos, y rodeado de estacionamiento. Él mira hacia California Pizza Kitchen, Dick Sporting Goods y varias otras tiendas de cadena. Como era de esperarse, las noches de sábado, las pandillas de adolescentes se reunen a su alrededor, a fumar, a lucirse y a echar ‘taco de ojo’ a miembros del sexo opuesto. Durante el día, los maridos aburridos se ‘echan’ en la banca junto a él, esperando a sus cónyuges de compras.

Presumiblemente, los desarrolladores de este Mall -“Hunt Valley Towne Centre”- quisieron hacerlo para honrar al hombre, Chuck Thompson, por muchos años locutor querido de los Orioles de Baltimore , famoso por su frase, blasonada sobre el hogar para fogatas, “Ain’t the beer cold!”. Este arreglo me ha parecido siempre extraño, fuera de lugar, y casi ofensivo. ¿Pero por qué?. Es común encontrar a personas prominentes enterradas en lugares públicos en todo el mundo y en toda la historia. Y en eso radica el problema: “Hunt Valley Towne Centre”  NO ES de modo alguno un Espacio Público; es como cualquier centro comercial, un espacio privado fingiendo ser público. Esto, creo yo tiene mucho que ver con la aparente discordancia que rodea el lugar de ultima morada de Chuck Thompson, en última instancia, el flaco servicio se lo han hecho a el.

La filósofa Hannah Arendt sostiene que la marca apropiada de la esfera pública, su atractivo esencial y la atracción para nosotros, es su reclamo a la permanencia. Entramos al ámbito público, en busca de una “garantía contra la futilidad de la vida individual.” Esto es algo que todos sabemos y que instintivamente demandamos de los espacios públicos, sostiene Arendt, y creo que ayuda a explicar las motivaciones de los desarrolladores de “Hunt Valley Towne Center”- y también por qué sus esfuerzos fracasaron.

Además de honrar a su celebridad residente, supongo los desarrolladores del centro comercial esperaban que su gloria podría pegársele al edificio circundante; quizá su legado podría infundir a este centro comercial con similar persistencia . Pero en lugar de honrar el Sr. Thompson, el arreglo parece una afrenta, y Arendt expone el problema: el gesto hacia la permanencia hecha por los desarrolladores en este caso es incompleta, débil, poco entusiasta. Lo colocaron en un verdadero templo a lo efímero.

Todo sobre el centro comercial estadounidense es temporal. Las tiendas de cadena se reemplazan unas a otras en rápida sucesión, de acuerdo a los gustos cambiantes de los volubles consumidores . “Hunt Valley Towne Centre” está preparada para un reequipamiento rápido, y es esencialmente una colección de grandes tiendas adornadas con carteles chillones y endebles adornos y detalles de plástico -una sabia decisión por parte de los desarrolladores, ya que la vida útil del centro comercial promedio es de sólo 20 años, pasado el cual se requiere de una renovación y reconfiguración para entusiasmar a los compradores nuevamente. El lugar del Sr. Thompson dificilmente se coloco con permanencia imprescindible. De hecho, es fácil imaginar que él también podría ser despachado con otras tiendas de cadena en cualquier momento, y sin duda cuando el centro comercial necesite ser reimaginado de nuevo.

En suma, los desarrolladores han fracasado en sus esfuerzos por sacar adelante su deseo de hacer de éste un verdadero espacio público. Pero sus esfuerzos nos sugieren dos cosas: Que hoy anhelamos los espacios públicos verdaderos, y que sabemos lo que realmente los constituye.

El centro comercial desearia ser el espacio público premier en nuestra sociedad, y de hecho, es el destino preferido, cuando se trata de socializar. Pero hay señales de que ha exagerado su bienvenida -que hemos visto a través de sus pretensiones y de acertos falsos- y como el New York Times informó  hace no mucho tiempo, muchos centros comerciales estan muriendo. El centro comercial no es espacio público en lo absoluto, sino que es espacio totalmente privado. A muchos estadounidenses les recordaron esto con rudeza cuando, EUA se preparaba para la guerra en Irak en la década pasada, algunos centros comerciales desalojaron a clientes que lucian camisetas de oposicion a la guerra; invocando su condición de propiedad privada, y que no estaban para nada obligados a tolerar la libertad de expresión. El centro comercial no quiere servir como un espacio público- sólo nos quiere comprando. Pero cada vez más, ese mensaje es demasiado poco delicado para nuestros oídos. Exigimos más de nuestros espacios públicos -o debo decir de los espacios que pretenden ser espacios públicos.

Cabe reconocer que “Hunt Valley Towne Centre” intenta satisfacer ese anhelo. Es un centro comercial, antes era techado, que ha sido remodelado como un “Lifestyle Center” -esencialmente, un centro comercial relanzado como una calle principal, en un distrito de comercio minorista, con aceras de ladrillo, bancas de hierro forjado y farolas ornamentales. El que los clientes prefieran los “Lifestyle Centers” sobre los centros comerciales tradicionales techados nos sugiere cuanto deseamos los verdaderos espacios públicos, espacios donde nos podemos reunir, sin que se espere que compremos, donde podamos entrar y salir de las tiendas para satisfacer nuestros deseos y necesidades materiales. Queremos poder permanecer, deambular y convivir en público, sin una agenda particular.

Sin duda, sufrimos una escasez de este tipo de espacios. Abundan vestigios en el paisaje cívico estadounidense, -parques, plazas, jardines al frente de edificios públicos-, pero que hoy están ociosos y vacios. El público está en otra parte. Esta en el centro comercial. Durante el movimiento Occupy Wall Street, los grupos de protesta en muchas ciudades tenían problema para encontrar espacios públicos que aún importaban, donde pudieran transmitir su mensaje. Algunos fueron reducidos a ocupar las medianias de carreteras suburbanas frente a centros comerciales concurridos. Incluso el estatus del epicentro del movimiento Occupy era en sí ambiguo. Aunque aparentemente pública de todas las maneras obvias, Zuccotti Park es, de hecho, propiedad de intereses privados, que toleraron los manifestantes, pero no por mucho tiempo.

Esto sugiere otra característica importante de la esfera propiamente pública: como Arendt lo expresó, es ser agónica; debe ser un espacio donde se dan la competencia y los conflictos entre los diferentes partes e intereses donde los individuos reales se hacen en el proceso. Los humanos tienen un impulso inherente a convertirse en individuos únicos, y mostrarse a sí mismos y perdurar como tales. Esto es fundamental para el tipo de inmortalidad que deseamos; no simplemente queremos perdurar como uno entre muchos. Y, sin embargo, Arendt argumentó, no se puede llegar a ser un individuo así en la reclusión de su sótano, sólo en compañia -en medio del anhelo y forcejeo de otros.

Tales comentarios puede traer a la mente el Viernes Negro, cuando los clientes corren en estampida para agarrar televisores de pantalla plana, ordenadores portátiles de descuento o el juguete de la temporada. O podríamos decir que los adolescentes navegando por el centro comercial en las noches de fin de semana también son demostrablemente agónicos, buscando superarse unos a otros en hazañas de estilo o en atraer al sexo opuesto. Pero esto no es suficiente; en el ámbito público, esperamos competencia en asuntos más serios.

Una señal clave de que un lugar no es tan público como pretende, explica Arendt , es si es encantador. El encanto, dice, no es más que una extensión de la esfera privada. Es seguro, familiar, idealizado; el encanto excluye diferencias reales, afrentas reales y cualquier disonancia o conflicto. Más aun, escribe Arendt, “en tanto que el ámbito público puede ser grande, no puede ser encantador, precisamente porque es incapaz de albergar lo irrelevante.” Los espacios públicos verdaderos nos anuncian que están comprometidos a una agenda de mayor relevancia- principios trascendentales , aspiraciones nobles, valores inmortales . El centro comercial nunca puede aspirar a esto al estar dedicado a cuestiones efímeras y con frecuencia cosas intrascendentes, o como Arendt la pone, lo meramente “funcional’. Comprar es el ejercicio maximo de futilidad, después de todo. Nunca satisface, estás condenado a volver por más.

¿Cuánto de este país está arruinado con horribles complejos comerciales  y la expansión suburbana antitéticos a nuestras necesidades metafísicas y aspiraciones más elevadas? Los Millennials saben mejor y muchos están votando con los pies, evitando los suburbios donde se criaron, y se mudan a barrios antiguos y entornos urbanos que son caminables, conectados por transporte público, y puntuados por grande y vitales espacios públicos . Debemos prestar atención a su mensaje y el lamentable destino de Chuck Thompson , y comprometerse a erigir nobles edificios  , barrios y ciudades, que sugieren que somos algo más que “compradores” o “trabajadores” o “residentes”, sino ciudadanos e individuos que deseen participar en la perseverancia de lugares perdurables.

Firmin DeBrabander, profesor asociado de filosofía en Maryland Institute College of Art, ha escrito el comentario social y político para numerosas publicaciones, incluyendo el Baltimore Sun, Common Dreams, Counterpunch, y el New York Times. Vive en Baltimore, MD.

Acerca de salvolomas

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