Ese maldito tráfico… y ahora, con límites de velocidad

¿Cómo es posible que nos quieran hacer viajar a 40 kmph si cualquier vehículo puede llegar tranquilamente a los 120 kmph? ¡De seguro se trata de un plan del gobierno para recaudar más dinero a través de las multas! Pues aunque suene paradójico, la respuesta es simple: para movernos más rápido en una ciudad, se necesitan límites de velocidad.

Origen: Ese maldito tráfico… y ahora, con límites de velocidad

Sentado en tu coche, horas de tráfico para llegar de tu oficina a tu casa, y escuchas la noticia: el Gobierno de la Ciudad pondrá un límite de velocidad en las vialidades y mediante radares y cámaras nos obligarán a cumplirlo. ¡Deben de estar locos! Si ya nos movemos lento en la ciudad, imagina el resultado de que, además, se obligue a que los vehículos circulen aún más lento. Absurdo, ¿no?

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Pero, ¿a qué velocidad en realidad nos movemos y a qué velocidad nos podemos mover en vehículo? ¿Cuál es el límite adecuado para fijar como tope para la velocidad a la que transitan los vehículos en una ciudad, si es que hay alguno? Desde hace unos cien años un vehículo se puede mover a más de 200 kmph, velocidad que  se ha incrementado frecuentemente gracias al desarrollo tecnológico y científico. Además, nuestros vehículos son cada vez más seguros y contamos con mejores herramientas para que los conductores puedan maniobrar de manera adecuada, como los modernos GPS. Tomando todo ello en cuenta, ¿no parecen ridículos y absurdos los límites de velocidad que ahora encontraremos en nuestras avenidas y principales vialidades? Paralelo al desarrollo de los vehículos, cada vez más rápidos, más seguros y más capaces, la humanidad se mueve utilizando un vehículo, paradójicamente, cada vez más lento. En el 2013 se calculó que la velocidad promedio en la que un vehículo viaja en el Distrito Federal era de 7 kmph. Sólo 7 kmph. ¡Hasta yo puedo correr más rápido que eso! Y todo ello a causa del tráfico.

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¿Qué hay detrás de tanto tráfico? Muchos coches, demasiados. De seguro te ha pasado que al salir del cine, muchas personas intentan salir al mismo tiempo por la misma puerta. Si la sala de cine estaba medio vacía, entonces puedes salir a toda velocidad pues no hay nada que te detenga; pero, por el otro lado, si la sala estaba llena, entonces se forma una enorme fila de personas, todas esperando salir. De cierta manera, aunque no haya un límite de velocidad para que las personas salgan del cine, ni un Policía de la velocidad, ni radares en la puerta de la sala, lo cierto es que debido a la cantidad de personas, se establece una velocidad máxima a la que todos pueden salir y se forma tráfico. Por más que unas personas intenten correr al salir del cine, se impone, a todos los asistentes, la velocidad de la mayoría.

De la misma manera en la que la cantidad de personas nos obliga a salir despacio del cine, la cantidad de vehículos nos obliga a circular despacio por nuestras avenidas.  Ese fue uno de los más relevantes hallazgos del urbanismo del siglo pasado: los ingenieros, urbanistas, matemáticos y físicos descubrieron que, mientras más vehículos circulan en una ciudad, todos están condenados a viajar más despacio.

Imagina de nuevo la puerta de la sala del cine, y supongamos por un momento que sólo puede pasar una persona a la vez. ¿Hasta cuántas personas pueden pasar por ahí en un tiempo determinado, digamos, durante un minuto? Aún si las personas estuvieran perfectamente coordinadas para salir, como si fueran parte del ejército, y aún si lo hicieran a máxima velocidad, hay un número máximo de personas que pueden pasar por esa puerta en el lapso de un minuto. Ese número máximo refleja que las personas ocupamos un cierto espacio y que además necesitamos guardar cierta distancia respecto a la persona que tenemos frente a nosotros, es decir, importa la velocidad de las personas, pero importa también la densidad de personas en la fila. La puerta ofrece una salida a las personas, pero tiene restricciones de capacidad, que es el número máximo de personas que pueden salir durante un minuto.

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Así como existe una cantidad limitada de personas que logran pasar por la puerta del cine en un tiempo determinado, existe también una cantidad máxima de vehículos que pueden pasar por una avenida durante un lapso de tiempo determinado. Mediante una gran variedad de estudios, en diferentes ambientes urbanos y bajo diferentes condiciones de tráfico, se encontró que a través de un carril, el máximo número de vehículos que pueden pasar durante una hora es 2,400. No hay forma de hacer que pasen más vehículos por un carril y ello se logra mediante una combinación específica de velocidad y densidad de vehículos. Lo que resulta aún más interesante es preguntarnos ¿cuáles son las condiciones que se requieren para llegar a esos 2,400 vehículos por hora?

Dado que 2,400 es el máximo número de vehículos que pueden pasar por un carril durante una hora, entonces se vuelve nuestro objetivo, ya que nos permite utilizar nuestras avenidas al máximo y mover a la mayor cantidad de personas. El diseño de políticas, el gobierno, la Policía de Tránsito, cámaras, radares y los ciudadanos debemos de luchar por mover 2,400 vehículos (o menos, en caso de que no haya tráfico) en una hora en cada carril de nuestras calles, pues aumenta nuestra movilidad. Si durante una hora con tráfico, por un carril sólo pasan 1,000 vehículos, entonces hay 1,400 que se están quedando atrás.

Velocidad máxima para obtener un flujo máximo

Uno de los resultados más relevantes del estudio del tráfico es que se demostró que cuando a los automovilistas se les permite circular a altas velocidades (superiores a los 100 kmph), la cantidad de vehículos que logran pasar por un carril se reduce drásticamente. Por ejemplo, si los coches viajan a 110 kmph en un carril, es muy difícil lograr que pasen más de 1,500 vehículos durante una hora, mientras que a 120 kmph es imposible que pasen más de 500 vehículos en una hora. Ello se debe a que lo que ganamos en velocidad lo perdemos en densidad, es decir, los automovilistas mantienen una distancia, cada vez mayor, respecto al vehículo que tienen frente a ellos y el carril por el que circulamos se hace menos eficiente.

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Las marcas representan observaciones reales tomadas en una avenida en la que se midieron velocidades y cantidad de vehículos. El eje horizontal es la cantidad de vehículos que pasan en una hora por ese carril y el eje vertical es la velocidad de los vehículos. El recuadro azul marca las condiciones óptimas para esa avenida, cerca de los 80 a 100 kmph. Velocidades mayores representan menor flujo de vehículos.

Si permitimos que los vehículos viajen a 120 kmph, entonces necesitamos una avenida de cinco carriles para pasar la misma cantidad de vehículos que lograríamos en un único carril que logre el flujo máximo de vehículos. Claro, cuando una persona logra circular a altas velocidades, llega más rápido a su destino, pero el costo son todas las demás personas que se quedan atrás, atoradas en el tráfico, intentando incorporarse a ese carril mágico en el que llegaría más rápido a su destino. La experiencia urbana, la ingeniería y los modelos matemáticos nos muestran que para aumentar nuestra movilidad y lograr avenidas más eficientes, es necesario imponernos un límite de velocidad.

¿Cuál es esa velocidad óptima a la que nos debemos mover? En distintos modelos y bajo distintas condiciones de tráfico se requieren diferentes límites de velocidad, por lo que no es posible establecer un límite universal para todas las ciudades, sin embargo, es un hecho que ese límite, cualquiera que sea, es menor a los 80kmph. Para mejorar nuestra movilidad, ninguna avenida puede ser circulada a más de 80kmph. En el caso de carreteras, la velocidad límite es ligeramente superior.

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Un límite de velocidad menor a los 80 kmph, eso sí que suena restrictivo y ridículo, ¿no? Pues en realidad, suena deseable. Si nos transportamos a 80 kmph podríamos llegar desde Santa Fe al Aeropuerto de la Ciudad de México en sólo 15 minutos. El problema actual del tráfico de ninguna manera son los límites de velocidad, sino el tráfico mismo. La velocidad promedio del Distrito Federal y de las principales ciudades es muy inferior a 80 kmph y si logramos unos 20 kmph sería un avance considerable para la movilidad de las ciudades.

Otras experiencias con los límites de velocidad

En diversas ciudades del mundo, los límites muy restrictivos de velocidad se impusieron hace décadas. En Londres, por ejemplo, no existe una avenida o calle en la que los vehículos puedan circular a más de 70 kmph y los ciudadanos y los automovilistas lo aceptan ya como parte del sistema. Sus zonas residenciales tienen un límite de poco más de 30 kmph y son selectas las avenidas que permiten una velocidad superior. Por supuesto que son medidas que causan rechazo en la población y frustración en los automovilistas, sin embargo, son medidas que resultan en una mejor ciudad. Detectores de velocidad y costosas multas a los infractores son el precio a pagar para mejorar nuestra movilidad.

Número de personas que murieron en un accidente vial en Reino Unido entre 1926 y 2013. // Fuente: Wikipedia.

Fuente: Wikipedia.Número de personas que murieron en un accidente vial en Reino Unido entre 1926 y 2013.

Los beneficios de contar con avenidas que tengan un límite de velocidad son varios. No sólo el flujo esperado de vehículos es mayor; se obtienen avenidas más seguras y menos ruidosas. Reino Unido, por ejemplo, tiene hoy en día menos muertes por accidentes vehiculares que los anteriores 80 años, y una de las principales razones es que, gracias a los límites de velocidad, sus accidentes de tráfico son menos frecuentes y rara vez son fatales.

Lamentablemente México ocupa uno de los primeros lugares a nivel mundial en muertes relacionadas con el tráfico. Incluso los accidentes de tráfico cobran hoy más vidas que el crimen organizado, y por ello es importante motivar y apoyar medidas que logren avenidas más seguras, como límites de velocidad, el alcoholímetro o los radares de velocidad, aunque ello signifique que no puedas correr a máxima velocidad por el segundo piso del Periférico, o que con un par de copas vayas al Juez Cívico. En toda sociedad, el bienestar común debe de dominar sobre el beneficio individual de unos cuantos.

El tráfico y todo lo demás

Por supuesto que hay una infinidad de factores que afectan el tráfico: marchas, manifestaciones, bloqueos, plantones, obras mal planeadas, autobuses que hacen parada en cualquier esquina, un auto descompuesto, los baches, personas estacionadas en segunda fila, un concierto o un partido de fútbol. Todo tiene impacto en las condiciones de tráfico y todo ello debe de ser regulado y mejorado, pero ello no cambia el hecho de que, una buena medida para mejorar la movilidad de la ciudad sea un límite de velocidad y, por supuesto, obligar a que sea obedecido por los conductores. Suena paradójico que para movernos más rápido en una ciudad, la solución sea imponer límites de velocidad, pero es cierto.

* Rafael Prieto Curiel (@rafaelprietoc) cursa el doctorado en Matemáticas Aplicadas en los temas de Urbanismo y Seguridad en la University College London.

Acerca de salvolomas

Asociación vecinal, formada con objeto de preservar la colonia habitacional unifamiliar preponderantemente, con calles de trafico calmado, seguras para la bici, parques, banquetas adecuadas para ir caminando a centros de barrio con comercios y servicios y oficinas solo en áreas designadas.
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