¿Podría el Coche auto-conducido significar el fin del Coche en Propiedad?

Origen: Could Self-Driving Cars Spell the End of Ownership? (The Wall Street Journal)

By Dan Neil, Published December 1, 2015

Cuando empresas como Apple y Tesla desplieguen sus vehículos autónomos, la necesidad de un coche personal podría ser una cosa del pasado

HENRY FORD era un tipo inteligente pero nunca hizo cálculos cuando tomo la decisión de poner cada hogar estadounidense sobre ruedas.

Un siglo después del Modelo T, el mundo tiene un problema con los coches. Los EE.UU. y China consumiran alrededor de 40 millones de vehículos ligeros en 2015, según IHS. Globalmente, estamos en camino de alcanzar los 100 millones de vehículos anuales en 2020.

Esos no son muchos autos . Eso es un océano de coches, una inundación, ola tras ola rompiendo en las costas del mundo industrializado. Y sin embargo, los formuladores de políticas y gente común por igual han sido impotentes ante el canto de la sirena del automóvil. Incluso en el burgo más arruinado por el coche en el mundo, ese toxico aparcamiento que llaman Beijing, el apetito por el automóvil como simbolo de estatus, como lujo, como tótem de maestría personal en un estado mental frágil – postcolonial esta llevando a millones más en su contaminado abrazo, a pesar de límites impuestos a la propiedad y la creciente alarma del gobierno.

Lo absurdo de nuestra aproximacion ad hoc de un siglo atras a la movilidad esta capturado en una estadística: La tasa de utilización del automóvil en los EE.UU. es de aproximadamente 5%. El 95% del tiempo restante (23 horas), los coches simplemente estan inmóviles, en una horrible y lenta incineracion de dinero, como la de los condominios de playa. 

Pero ¿qué tal si, asi como compartimos los condominios, pudiéramos compartir los coches?. Eso es una de las primeras lecciones de vida -como compartir juguetes, tus padres, habitaciones, sentimientos. A medida que los pequeños consumidores se tornan adultos, olvidan el placer de la abnegación. Eso está por cambiar. Y no me refiero al consumismo colaborativo que vemos a nuestro alrededor, -como la transportacion entre pares estilo Uber- que es simbólico y transitorio, durara sólo hasta que ocurra la automatización, momento en que podremos deshacernos del ‘wetware’. Y por wetware, me refiero a nosotros.

Photo: Mitch Payne for the Wall Street Journal

En una generación, los automoviles estarán dotados de lo que se conoce como Autonomia Nivel 4 – inteligencia artificial para conduccion completamente autonoma para coches -que será no solo un disruptor del juego sino que incendiara el casino. La autonomía hará posible que automóviles no tripulados sean llamados, mediante una app, para que acudan a tu ubicación. Y no sera el primer vehiculo que pase, sino exactamente el vehículo que necesitas para la ocasión, limpio y cargado de combustible o energia, para usarlo por tanto tiempo como lo necesites (ofertas pueden variar en su estado). Y cuando hayas acabado de usarlo – ¡puf! – Se desaparecera.

No pagas por el coche. Pagas por las millas recorridas. Y sólo las millas. Es una forma totalmente nueva de ‘volar’. Comencemos en pequeño. ¿Necesitas una camioneta durante tres fines de semana al año, pero no quieres pagar por los otros 49 fines de semana del año? La autonomía puede hacer que eso suceda fácilmente sin una visita a la temida estacion de U-Haul. ¿Necesitas un coche para llevar a tu mamá al médico , o a recoger a tu cónyuge del aeropuerto?. En una década a partir de hoy, los principales fabricantes de automóviles y otros jugadores más pequeños estarán en ‘la garganta de los otros’ por el privilegio de enviarle al consumidor vehículos a la carta, para un viaje sencillo, de una tarde, de un fin de semana, de un mes. Estas transacciones se moverán por las resplandecientes entrañas de tus estados de cuentas de crédito mensuales, y ni siquiera los sentirás .

‘La tasa de utilización de los automóviles en EUA es 5%. El resto del tiempo, solo están sentados como cóndos en la playa

Los estadounidenses voltearan atrás a la epoca pre-autonomía como la edad de las calculadoras Casio y los mensajes del DOS. Recuerdas a los taxistas? Recuerdas los atascos de tráfico? Recuerdas cuando los padres vivían con temor de que sus hijos murieran en colisiones de coches? Las muertes y lesiónes graves en los incidentes de tráfico disminuirán drásticamente. Los otros costos de los automoviles -productividad disminuida, combustibles quemados en trafico descoordinado- desapareceran. “Más allá de los beneficios prácticos, los coches autónomos podrían contribuir $1,3 billones en ahorros anuales solo a la economía de Estados Unidos”, escribió Ravi Shanker, analista de Morgan Stanley que cubre el negocio automotriz de Estados Unidos. Y los ahorros globales? En el vecindario de $ 5,6 billónes.

SI SOLO TUVIERA UN CEREBRO

How self-driving cars will get their smarts

Danny Shapiro was walking around the Frankfurt auto show with a bomb in his valise. The senior director of automotive at Nvidia in Silicon Valley showed it to me: a bristly motherboard about the size of an iPad, known as the Drive PX, that will upend the auto industry. It’s built around two central processors, each as powerful as the fastest supercomputer of a few years ago. According to Shapiro, some version of this technology will give cars Level IV autonomy—the ability to operate independently of humans.

The Drive PX interprets sensory data and builds a three-dimensional model of everything that’s going on around the car, allowing it to distinguish between, say, an ambulance and a FedEx truck, and respond appropriately.

“It can read street signs,” Shapiro says, “and detect lane markings, and anticipate when a pedestrian is going to come out onto the road. And when it sees something it doesn’t recognize, it can record that image, and then transmit it to the data center so it can get added to the next software update.”

The process, called “deep-learning,” is modeled on the human brain. “Think of it as a child learning the vocabulary of a foreign language,” Shapiro says. “As you put more information into the system, it’s going to keep getting smarter and smarter.” –D.N.

You may be wondering, back here in 2015, if the auto industry is worried about shared mobility. Doesn’t it spell declining sales? It could. But in a mature market like the U.S. turnover will remain fairly stable. What would change is the number of passengers that passed through every vehicle—including a vast untapped market that doesn’t drive today. “Level 4 AV technology, when the vehicle does not require a human driver, would enable transportation for the blind, disabled or those too young to drive,” says the Rand Corporation in a report on the subject. “The benefits for these groups would include independence, reduction in social isolation, and access to essential services.”

These same benefits would return mobility to millions on the margins, including the elderly, the working poor and those who have lost their driving privileges due to a criminal record. (It’s not hard to see the throughline between autonomy and the hobbling economic effects of mass incarceration.)

In August 2015, Morgan Stanley nearly doubled its price target for Tesla, to $465 per share, based on an analysis of Tesla’s so-far secret shared-mobility plan. “We view this as a business opportunity,” wrote Morgan Stanley analyst Adam Jonas, “[that could] more than triple the company’s potential revenues by 2029.”

And, far from funneling consumers into fleets of lustless electric drones, autonomy could have the opposite effect. Immersive-connected consumers will be able to draw from a vast and constantly replenished motor pool of shared vehicles—dune buggies, pickup trucks, German luxury sedans—with little or no notice, a cast of automotive avatars.

At this point a fair reader might wonder if I have ever been to America. The notion that we as consumers will forgo the awesome pleasures of the automobile—the privilege, the mobility, the identity—to share vehicles is, I grant, unfamiliar.

But America’s much-sung-about love affair with the automobile has grown cold. Rates of motor-vehicle licensure are already plummeting among young Americans. The obligations and costs of transportation—an average 17% of household budgets—are driving them out of automobility altogether. And enthusiasm for automotive culture is waning too, as the empty seats at Nascar events attest.

Personal-vehicle ownership isn’t going away. Some people will own and cherish cars. But those people and their cars will be considered classics. Rates of ownership will decline, an artifact of an era of hyperprosperity and reckless glut. Twenty-five years from now, the only people still owning cars will be hobbyists, hot-rodders and flat-earth dissenters. Everyone else will be happy to share.

FIND THE ORIGINAL AT: http://www.wsj.com/articles/could-self-driving-cars-spell-the-end-of-ownership-1448986572

Acerca de salvolomas

Asociación vecinal, formada con objeto de preservar la colonia habitacional unifamiliar preponderantemente, con calles de trafico calmado, seguras para la bici, parques, banquetas adecuadas para ir caminando a centros de barrio con comercios y servicios y oficinas solo en áreas designadas.
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