La Vida Fuera de las Comunidades Cercadas 

Origen: The Life Outside Gated Communities | The Nature of Cities

Es una mañana soleada y salgo de la casa, caminando hacia la puerta de nuestra subdivisión (fraccionamiento). Está a pocos metros, cuesta abajo, a la vuelta de la plantación de Pechay, luego cuesta arriba, el típico contorno inclinado del Marikina Valley.

La calle puede ser el espacio público más importante debido a la manera en que debe ser compartida.

En los dos minutos y unos pocos metros, veo a casi nadie. Tal vez sólo al Sr. Pechay, o al menos asi le llamo, quien está ocupado labrando la tierra o trabajando como esclavo con sus regaderas y nuevas semillas para mantener verde el mayor espacio verde que tenemos . Él rara vez habla, pero se aparecerá en la casa durante la Navidad para vender su demasiado grande upo y pedira un billete de cincuenta pesos. Más allá de su árbol, veo puertas cerradas, candados y gruesas paredes.

Andando el camino, veo coches, aparcados a ambos lados de la calle o invadiendo mi espacio en la acera, así que tengo que andar de puntillas sorteando cualquier sombra que pueda para evitar el deslumbrante calor del sol. Un niño grita, luego ríe en algún lugar dentro de la casa color crema, y un perro ladra tras de la puerta blanca de enfrente. Incluso con todas estas voces, es triste, porque no hay nadie a quien saludar.

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La comunidad cercada, donde entran y salen mayormente coches. Photo: Ragene Palma
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El puesto de verduras en Panorama. Photo: Ragene Palma

Unos segundos más y salgo por la puerta de nuestra subdivisión. Pero antes de hacerlo, anticipo una vision muy diferente en comparación con las sosas, aburridas y poco amables paredes, y el tranquilo y solitario camino. Entro a lo que se llama una calle próspera. Que acertadamente se llama Panorama.

Yo primero saludo al Sr. Bananos, cuyo puesto de un metro de largo está justo fuera de la puerta. Él sonríe y devuelve el saludo y como siempre dice “Ang sipag magtrabaho una! (Tú trabajas tan duro!) “, Asiento con la cabeza y tomo nota de que tengo que comprar un poco de saba camino a casa esta noche. Casi simultáneamente, el Sr. Foochow sonríe desde el otro lado de la calle, tal vez preguntándose si seré demasiado flojo para cocinar la cena más tarde y ordenare su pollo frito chino y su clasico bihon . Comenzando cuesta abajo de nuevo, miro a mi derecha. La Sra. Rice me saluda inclinando la cabeza pero como siempre está ocupado preguntando cuantos kilos necesitará de Malagkit o Sinandomeng la Sra. Tres-Cuadras-Adelante. Paso la primer terminal de FX y pregunto al viejo Sr. Yosi si el conductor hara la ruta larga o tomara la ruta corta. Como siempre, responde que la ruta larga. Me sé eso demasiado bien; Yo sólo hago la pregunta para animar la conversación dentro de la vida del anciano. Evito el enorme, y peligroso agujero en el pavimento, haciendo otra nota mental mas para llamar Ingeniería de la ciudad, y luego camino un poco más para evitar a el Sr/Sra. Fantásticamente Fabuloso, quien sigue diciéndome que el/ella son más bellos que yo. Continúo caminando un poco más rápido (ya que la pendiente se hace más empinada) y pido al Sr. PuestoDeFrutas cómo van las ventas esta mañana. “Lentas maganda_ (siempre bella)”, responde con un guiño. Volteo a la derecha y hago contacto visual con el Sr. Barker. Él levanta su dedo índice_ y yo hago el mismo gesto para reservar un asiento de pasajero. Dejo Panorama y me embarco en un silencioso viaje con rumbo hacia Cubao. O, tan silencioso como el radio FM del FX lo permite de todos modos.

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Muchos triciclos en Panorama. El triciclo, un modo de transporte de dos o tres asientos que opera en los barrios. Photo: Ragene Palma

La calle Panorama _ es un ejemplo de lo que los urbanistas llaman una próspera calle o una parte vibrante de la comunidad. No, no es perfectaporque aún hay jeepneys veloces y demasiados triciclos , como cualquier otra calle de Filipinas pero hay caras conocidas cada una con un papel que desempeñar. A diferencia de un mero espacio, se convierte en un lugar que tiene significado para la gente que lo usa, que toman parte en ella, que ocupan el centro del escenario en su historia. Es vibrante no solo por este bullicio sino debido a los muchos pequeños negocios que tiene y la manera en que las personas tienen relaciones. Me consuela saber que puedo confiar en estos realmente-no-extraños, que se anticipan a las personas que pasan por allí y ven por el bienestar de todo el mundo . Me encanta que incluso si las conversaciones más insignificantes con algunos de los vendedores se ajustan de manera repetitiva a un patron, establecen una conexión entre personas reales. Lo más importante para mí y creo que para todo el mundo que vive en las afueras al sureste de esta muy urbanizada ciudad, la calle Panorama es conocida por ser la última parada en el viaje desde otros lugares en el área metropolitana. Es lo que los Filipinos llaman dulo cuando usamos transporte público. Para mí, la calle Panorama es mi hogar.

Un lugar próspero o una calle concurrida es algo que los planificadores urbanos sustentan. Es algo que defendemos en diseño y en la planificación de mejores comunidades. La calle está destinada a ser utilizada por todo el mundo. Es por eso que se llama un espacio público. La calle es quizás, el espacio público más importante debido a la manera en que debe ser compartida. Encarna la equidad entre las personas. Es simplemente decir que aun cuando yo tengo un punto de vista en esta historia no es sólo el mío el que importa. Podríamos tomar la historia del Sr. Pechay o de la Sra Rice o tal vez la de un innombrado personaje secundario que pasaba al fondo de lo que vi. No era sólo mi ruta o mi carácter que significaba algo aquí; es el de todos los demás. Es todo nuestro.

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Cuatro jovencitas miran al bebe que llevan cargado por la calle Panorama. Photo: Ragene Palma

I would never have known what Panorama was like before. I would never have been able to tell this story, because I wouldn’t have known anyone from it, or whatever it is that they did. Even if I had already lived for a decade in our current home, the majority of those years were spent inside the bubble of a car. And all the while, I believed that vehicle-bound experience to be normal. Mostly because of convenience and partly because of ignorance, I traveled through mere spaces, not places, and I saw more traffic lights than people’s faces.

Then I came to realize that cars fit perfectly in gated communities. The solitude is built exactly for someone who prefers to ride alone in the car, where there are no people, just roads; no connections, no relationships, just yourself and the wheel, shut out from the cool breeze and in sight of tinted greeneries.

I’ve stopped using a private car (or limited it the most I can) because I prefer to be at one with my community. While I consider the tremendous smoke-belching in this country as a curse to my lungs, there is still the privilege of knowing that I’ve played a part in lessening traffic congestion, reducing car emissions, and contributing to the income—no matter how small—of the local drivers. Most importantly, I’ve learned to replicate Panorama wherever I go. I now see familiar faces in the security guards or streetsweepers in other places, and it’s not a sea of blank stares anymore. Places mean more to me now than they did before. Memories are made with every step taken, and memories come flooding back with a few steps more.

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At the corner of Panorama: an old lady asking for spare change (see the recycled cup?) so she can eat lunch, and a young boy who was amused because I wanted to take his picture. Photo: Ragene Palma
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Inside the gated community – no one in plain sight. Just high walls and locked gates. Photo: Ragene Palma

You know when I miss riding in a private car? It’s when I leave Panorama, in the few meters that lead back to my house, because there’s no other way to go home. I miss the car because it makes me feel safe from the dark, and all the high walls that surround me. The juxtaposition of a lively street and a gated community suddenly becomes so striking.

Come to think of it, I only walk those meters when daylight can provide me safety. There have been a few times I’ve been forced to sprint home, strongly wishing the house with a chihuahua would open a night barbecue or that Inday from the bougainvillea canopy house would suddenly take a nighttime stroll. It would brighten the way home. But they don’t, and I don’t think they ever will. This leaves me with the option of riding the trike. The drivers at our terminal are very friendly, thank God for them, and sometimes they even say, “Good night.”

Ragene Palma
Marikina City

On The Nature of Cities

Acerca de salvolomas

Asociación vecinal, formada con objeto de preservar la colonia habitacional unifamiliar preponderantemente, con calles de trafico calmado, seguras para la bici, parques, banquetas adecuadas para ir caminando a centros de barrio con comercios y servicios y oficinas solo en áreas designadas.
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