¿Deben los residentes urbanos repoblar ciudades olvidadas? – CityLab

Para obtener los máximos beneficios colectivos de la vida urbana, podría ser necesario que mas gente viva en menos (pero mas grandes) ciudades.

Origen: Should Urban Dwellers Repopulate Forgotten Cities? – CityLab

New York City: aún sin suficiente gente. (Lucas Jackson/Reuters)

El prejuicio del Colegio Electoral contra las ciudades estadounidenses ha impulsado a algunos comentaristas liberales a sugerir que los urbanistas de izquierda se aventuren fuera de sus ciudades burbuja costeras y se dirijan hacia ciudades más pequeños y metropolis del centro y el Sunbelt del pais, donde sus votos podrían hacer mucho más diferencia.

Otra manera de decirlo es que nuestras grandes y exitosas ciudades ya son demasiado grandes (no sólo demasiado liberales) y la nación estaría mejor, y mejor equilibrada políticamente, si la gente educada y talentosa se dispersara por todo el país.

Las grandes ciudades norteamericanas podrían estar subdimensionadas en un tercio. Y podemos tener hasta dos veces más ciudades de las que necesitamos.
Pero otros afirman que nuestras ciudades no son lo suficientemente grandes. Un creciente coro de economistas argumenta que la zonificación y los códigos de construcción obsoletos crean límites artificiales en nuestras ciudades más grandes y productivas, elevando los costos de la vivienda y empeorando aún más la desigualdad, a un costo sustancial de mas de un billon de dolares para la economía en su conjunto.Un reciente documento de trabajo  de los economistas David Albouy, Kristian Behrens, Frédéric Robert-Nicoud y Nathan Seegert de la National Bureau of Económic Reaearch enmarca la cuestión en términos de una simple pregunta: ¿Cuál es la distribución óptima de las ciudades de los Estados Unidos?

Puedes pensar en esto en términos de dos conjuntos de intercambios. Las ciudades generan costos y beneficios. Ciudades más grandes y densas nos benefician al generar innovación y mejorar la productividad, pero también pueden verse plagadas de costos -tales como la congestión, la delincuencia, la contaminación y las enfermedadesLuego está la compensacion entre beneficios individuales y beneficios sociales. Dejados a su suerte, la gente podría elegir formar y ocupar un montón de pequeñas ciudades adaptadas a sus propias necesidades y deseos individuales. En otras palabras: suburbios. Cuando esto sucede, los individuos no pagan el costo total del desarrollo ineficiente de muchos lugares pequeños.

Las líneas punteadas muestran el beneficio para ciudades grandes y chicas cuando limitan el crecimiento de su población para maximizar la ganancia privada. La curva sólida muestra un incrementado beneficio social medio cuando todas las ciudades aumentan su población y se consolidan. (Albouy y otros)

El estudio concluye que las grandes ciudades estadounidenses podrían de hecho estar subdimensionadas tanto como un tercio. Más aún, podemos tener hasta mas del doble de las ciudades que necesitamos, causando que la mitad de la población urbana de E.U.A. viva en lugares demasiado pequeños.

Tres tipos de ciudades

Los autores pintan tres panoramas amplios para la distribución de ciudades americanas y de la gente que las llama hogar. La siguiente tabla esboza las diferentes posibilidades de las ciudades, que se desarrollan de maneras descabelladas.

La primera es que es lo que llaman “óptimo”, donde las ciudades esencialmente hacen un uso óptimo de las mejores ubicaciones, extrayendo la mayor cantidad de beneficio para la mayor cantidad de gente con el menor costo.

La segunda esta basada en la “movilidad libre”, donde hogares individuales toman las decisiones que mejor les convienen.

Y la tercera refleja la “política local”, donde el tamaño de las ciudades refleja las políticas y regulaciones locales -por ejemplo, cuando las regulaciones de uso del suelo limitan artificialmente el tamaño de las ciudades.

Modelos adicionales consideran si las economías de las ciudades tienen mayor aglomeración, mayor congestión, o si hay más o menos heterogeneidad en cómo la tierra en una ciudad hipotética puede o no puede ser utilizada.

(Albouy et al.)

En los extremos, según el estudio, podríamos terminar con tan sólo nueve ciudades gigantes, cada una con 50 millones de habitantes, o 20.000 ciudades pequeñas con entre 3.000 y 58.500 habitantes.

El estudio genera una amplia gama de escenarios del mejor y peor caso. Como punto de partida, los autores hacen notar que bajo el escenario “óptimo” terminaríamos con 100 ciudades que oscilan entre 230.000 y 30.5 millones de personas; “movilidad libre” significaría aproximadamente 400 ciudades de entre 25.000 y 15 millones de personas; Y “política local” nos da una friolera de 17.500 ciudades entre 13.300 y 58.500 residentes.

Por razones de simplicidad, echa un vistazo a las estimaciones de línea base en la esquina inferior izquierda de la tabla. El escenario óptimo genera un beneficio promedio de $28.977 por persona y un costo de $22.200 por persona en las ciudades. El escenario de “movilidad libre” genera una producción similar de $27,002 a $21,960 en beneficios y costos por persona. El escenario de política local crea sólo $ 19.649 por persona y costos de $ 18.148 por persona. El NIMBY’ism es costoso.

El resultado de este ejercicio: Probablemente tenemos demasiadas ciudades. La gente puede querer vivir en poblaciones más pequeñas y quienes viven en barrios urbanos pueden querer protegerse contra ciertos tipos de crecimiento o densidad, pero hacerlo trae consigo costos sustanciales para la economía en su conjunto. Esto no significa que todos necesitamos congregarnos en una ciudad grande y densa como Manhattan.

Detrás de este experimento de pensamiento hay una consideración seria: ¿Cómo debemos vivir? Crear una más densa y eficiente distribucion de las ciudades no puede ocurrir de la noche a la mañana, pero este marco teórico deberia ayudar a dirigir las discusiones vagas sobre zonificación, uso del suelo y desarrollo hacia un terreno más elevado.

About the Authors

  • Richard Florida
    Richard Florida is a co-founder and editor at large of CityLab and a senior editor at The Atlantic. He is the director of the Martin Prosperity Institute at the University of Toronto and Global Research Professor at New York University. MORE
  • Andrew Small
    Andrew Small is an editorial fellow at CityLab.
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