Lo que los asentamientos irregulares nos enseñan sobre politica de vivienda

 

En una época de extrema precariedad de vivienda, un nuevo libro analiza la historia de una alternativa radical.

Origen: What Squatting Teaches Us About Housing Policy – CityLab

A squatter sits in an abandoned office building in the center of Sao Paulo. (Maxim Shemetov/Reuters)

Este post es parte de una serie de CityLab sobre tierras yermas, y lo que desperdiciamos, descartamos, y malgastamos.

Hay muchas maneras en que la administración Trump puede exacerbar la crisis de vivienda asequible en ciudades de EUA. Ya convirtio en secretario del Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano de los Estados Unidos, al definitivamente descalificado Ben Carson, que parece estar listo y dispuesto a recortar fondos para viviendas asequibles, lo que podría resultar desastroso para algunos que luchan por hacer rentas. El propio presidente Trump ha comenzado a desmantelar las reformas financieras encaminadas a prevenir la crisis de vivienda que llevó al país a la recesión, y casi echo raices para ese mismo colapso. Sobre la falta de vivienda, se ha mantenido mudo.

Los tiempos desesperados pueden exigir lo que parecen ser medidas desesperadas. Los asentamientos ilegales parecen ser un acto radical, incluso una jugada de anarquista – pero como Alex Vasudevan, un erudito de geografía humana en la Universidad de Oxford, muestra hábilmente en un nuevo libro, la ocupación de espacio desperdiciado y abandonado puede tener unas lecciones de carácter filosófico y prácticas para enseñar a ciudades en gentrificacion a que luchan para mantener techos sobre cabezas. En The Autonomous City: A History of Urban Squatting (Verso Books), Vasudevan rastrea más de un siglo de luchas, éxitos y fracasos en vivienda alternativa, en Amsterdam, Berlín, Nueva York, Milán, Vancouver , y más allá. Habló con CityLab sobre por qué el espacio autodeterminado importa ahora.

Que significa realmente “desperdicio” cuando se trata de vivienda?

Cuando pienso en la figura del “desperdicio”, a menudo me recuerda la obra del geógrafo Vinai Gidwani, quien señala que el verbo “desperdiciar” significa usar descuidadamente y sin propósito alguno; no hacer buen uso de; mal emplear y dañar; dejar pasar. Cuando se trata de vivienda, el “desperdicio” es a menudo visto como una condición necesaria y como producto de un sistema económico particular que trata la vivienda como una mercadería. El Oxford English Dictionary nos dice, en este contexto, que la palabra “desperdicio” también deriva del latín vastus, que significa “desocupado” o “inculto”.

(desperdicio Del lat. disperditio, -ōnis ‘destrucción’, ‘ruina, perdición’, der. de disperdĕre ‘arruinar’, ‘derrochar’. 1. m. Derroche de la hacienda o de otra cosa2. m. Residuo de lo que no se puede o no es fácil aprovechar o se deja de utilizar por descuido.)

En el caso de los ocupantes ilegales, el mismo acto de ocupar apunta menos a la necesidad de generar beneficios que al deseo de utilizar el espacio de manera más equitativa y socialmente justa. La mera idea de “desperdicio” es una fuente de experimentación y resistencia, supervivencia y subversión. Un acto muy básico, si bien poderoso, de recuperación, es después de todo, el corazón de lo que hacen, ya sea reutilizando materiales encontrados o pepenando comida.

“La mera idea de “desperdicio” es una fuente de experimentación y resistencia, supervivencia y subversión.”

Me parece que los invasores suelen ser capaces de reanimar espacios urbanos desperdiciados y modelarlos de formas que apuntan a un entendimiento bastante diferente de lo que son las ciudades y cómo podemos vivir en ellas. Creo que aún podemos aprender mucho a este respecto y en términos de cómo nos albergamos.

En el libro, identificas tres temas que unen tus historias y ejemplos:asentamientos irregulares, por allanamiento o invasion como práctica de la vivienda, asentamientos irregulares, por allanamiento o invasion como movimiento social, asentamientos irregulares, por allanamiento o invasion como forma de identidad. ¿Puedes hablar de estos paradigmas y de cómo se entrecruzan?

Estaba tratando de encontrar una forma de reunir diferentes historias singulares de lugares, y éstas fueron las cosas que parecían atravesar por el lugar. Tuve que hablar de producir autonomía a través de la idea de morada y vivienda.

Un punto de referencia fue el trabajo de John Turner en América Latina en la década de 1970, alrededor de proyectos autónomos de vivienda en Perú y el traficar esas ideas a otros lugares en Europa y Norteamérica. Lo que circulaba, en esa época en especial, era un compromiso con la autoconstrucción y la vivienda autónoma.

Saliendo de esto, encontré que personas que hablaban de estas prácticas compartian un conjunto de aseveraciones, a menudo conectadas a movimientos sociales en oposición al estado, y al capitalismo, que se desvaneció y fluyó con el tiempo. Y luego habia múltiples identidades diferentes que se forman alrededor de este concepto de autonomía, las maneras en que la gente ve y practica estos asentamientos irregulares, por allanamiento o invasion como una forma de ir más allá de las predeterminaciones que dan forma a sus vidas. Los espacios que produjeron proporcionaron una plataforma para la exploración personal.

Como se ven y sienten los espacios asentados irregularmente, por invasion o allanamiento? 

Es una amplia distancia que se reduce a la división legal o ilegal, formal o informal. En algunos lugares, el estado de deterioro era la norma. La electricidad o el agua no siempre funcionaban. Otros invasores aprenden sobre la marcha a rehacer los espacios en los que viven, y algunos tienen estrategias realmente creativas: Hay una imagen en el libro donde utilizan envases de carton de leche para proporcionar aislamiento térmico en un asentamiento irregular en el Lower East Side.

Algunos invasores están muy bien organizadas y tienen un cierto grado de legitimidad en el contexto de la lucha del barrio por la vivienda. Algnos cuantos espacios en Alemania donde pase un tiempo, como aquellos que han sido legalizados, tenían servicios comunitarios, un jardín de niños, un comisariato que servía a todos. En tanto, otras asentamientos irregulares eran como islas en un mar de renovación urbana. Existieron con la amenaza de desalojo a la vuelta de la esquina, y la gente vivía atemorizada.

Al entrar en cualquiera de estos espacios, siempre me sentí como un extraño, porque siempre podía ir a casa en otro lugar. Esa posibilidad era algo que los residentes ilegales no podian tener asegurado para si mismos.

Para muchos ‘sin hogar’ que no pueden costear una renta, asentarse ilegalmente es la unica opcion. (Peter Bauza/Reuters)

¿Cómo estudias un fenómeno que es, aparentemente, temporal en su naturaleza? ¿Comprendiste un sentido de proporcionalidad en términos de lo que impulsa a las personas a asentarse ilegalmente? ¿Es más una necesidad o es política?

Es muy interesante, porque en un sentido muchos de estos espacios son efímeros. Pero los propios invasores son entusiastas archivistas de las cosas que hacen, tal vez por la conciencia de esa temporalidad. Así que hay archivos, que pueden ser revistas, cartas, comunicados de prensa, folletos, fotografías y películas producidas por el residente ilegal. Todo es parte de la historia que están creando, de ocupar la ciudad de diferentes maneras.

Por otro lado, el asentamiento irregular basado en la privacion tiende a ser invisible por todas razones obvias. Cuando el asentarse invadiendo es una necesidad absoluta, la gente no tiene tiempo para pensar en registrar esas prácticas. También tienes espacios de invaciones ilegales donde algunas personas llegan por una noche y se van, mientras que otros permanecen allí por más tiempo, y se conectan más en las prácticas políticas. Por tanto, es difícil tener un sentido de proporcionalidad.

Pero esa falta de evidencia sobre asentamientos irregulares basados en privacion dice algo también. Puede ser la forma más básica y necesaria de ocupar un lugar, y sin embargo sólo lo averiguamos cuando una casa abandonada se incendia y los bomberos descubren que había gente viviendo allí.

Tu libro muestra que hubo algún apoyo amplio para asentarse ilegalmente, especialmente en Europa, durante el apogeo de las invasiones en los años setenta. Hoy en día, no es algo que muchos progresistas urbanos necesariamente apoyen; se le ve como un acto muy radical. ¿Que pasó?

Comparado con hoy, el tejido de soporte era bastante significativo, en algunas ciudades en particular. Encuestas de los años 70, en Milán, mostraron que había un apoyo realmente amplio para la ocupación. Hay un eslogan usado por un asentamiento de la década de 1970, en un barrio de Copenhague: “Nuestros vecinos son la mejor barricada”. Había una sentimiento real de que el activismo sólo tendría éxito si fomentaba conexiones al interior de comunidades más amplias; que necesitarían esa ayuda ante las maniobras políticas del gobierno y la represión legal que intentaban empujarlos fuera. Tienes que ponerlos a contrapelo de campañas de medios diseñadas para impugnarlos. Pero en algunos lugares su escala era realmente impresionante.

Una de las líneas de falla, donde ves que el apoyo [empieza a] decaer, es cuando el activismo por la vivienda se inclina por la violencia en respuesta a la brutalidad policiaca y el desalojo. Entonces ves a alguna gente escéptica del uso de la fuerza por activistas de la vivienda en respuesta al estado.

¿Qué hay con el surgimiento del “asentamiento (homestead) urbano” en lugares como Detroit? ¿Otras tendencias han influido en la percepción dominante de la ocupación irregular?

Definitivamente; yo pienso que se trata del ciclo de vida de los movimientos sociales. A partir de los años 1990, hay una sensación de que los poderes de la regeneración urbana han de algun modo capturado, las energías de prácticas alternativas de vivienda, y ahora están haciendo algo que puede venderse o empaquetarse de manera tal que las ciudades puedan establecer su marca. Así que ahora pensamos en la ocupacion [de vivienda vacía] como algo increíblemente radical, pero la otra cara es que, en cierta manera, se ha vuelto algo increíblemente común: Tienes jardinería comunitaria, renovaciones Hagalo-usted-mismo y surgen espacios publicos temporales. El borde radical aparece a la distancia, pero sigue siendo parte de toda esta ola de gentrificación.

Ahora estamos viviendo en una era en la que el impulso hacia el en cuclillas es la criminalización. En los Estados Unidos, en los Países Bajos, en Francia, en Dinamarca, en Alemania y en los Estados Unidos, la práctica se criminaliza cada vez más a través de nuevas leyes, mientras que en muchos lugares la crisis de la vivienda se agudiza. La gente se enfrenta ahora a desafíos inmensos de asequibilidad, y el ponerse en cuclillas abre un espacio de posibilidades. Es claramente un proceso precario. Pero no impide que la gente lo haga, porque la escala de necesidad crea demanda, y la gente necesita encontrar maneras de alojarse.

Mi preocupación es que en el clima actual, particularmente en EUA, todo se criminaliza, de modo que las represiones podrían ser más severas y podrian darle carta blanca a la aplicación de la ley como nunca antes. Sería interesante que de esto surgiera un nuevo movimiento de asentamientos irregulares, en un momento en el que las cosas se sienten inmensamente inseguras.

¿Que lecciones nos da el asentamiento irregular para enseñar a la gente trabajando hoy en el tema de vivienda?

Lo interesante es que, en ciudades europeas durante los 1970’s y 1980`s, las lecciones las estaban sacando los arquitectos, planificadores y quienes fijan las políticos. Los gobiernos de la ciudad escuchaban y legalizaban la práctica en algunos casos. En Milán, tenias invasores invitados a tomar cursos en departamentos de arquitectura. En Berlín, un colectivo de arquitectos visitó a estos viejos pensionados que se habían asentado en un centro comunitario; querían diseñar un espacio basado en sus anhelos y deseos. Interesante cómo se ha perdido ese intercambio. Mis colegas arquitectos se quejan de que hemos perdido el impulso de hacer proyectos emocionantes en torno a la vivienda compartida; Ahora es sobre todo sobre piezas de ‘declaración’ en ciudades particulares, o proyectos con ‘marca’.

Pienso que una lección es el volver a ese ethos, porque eso abriría espacio donde (los defensores de la vivienda alternativa) están ayudando a establecer la agenda. Estás viendo algo de esto con varios proyectos de co-vivienda- especialmente experimentos multigeneracionales. Se aprovechan de un cierto ethos de marca de milenials, pero a menudo estos espacios ponen a las personas en contacto lo que no sucedería de otra manera. Sería tambien interesante ver la política del gobierno local retornar a este espacio. Podría ser difícil de hacer; los presupuestos estan constreñidos. Pero también sucedia en los años setenta, cuando la austeridad estaba presente.

Pienso que hay una nueva generación donde estas cuestiones están re-emergiendo. La urgencia está ahí porque hay tantas personas -incluidos los refugiados- que están precariamente alojadas y necesitamos alternativas. Espero que aún podamos esperar algunas.

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Acerca de salvolomas

Asociación vecinal, cuyo objeto es preservar la colonia habitacional unifamiliar, sus calles arboladas con aceras caminables, con trafico calmado, seguras para bici, parques, areas verdes, centros de barrio de uso mixto accesibles a pie y oficinas solo en áreas designadas.
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