Fotomultas: el problema es el negocio, no la tecnología

Si el problema de las fotomultas es la oscuridad del negocio y no la tecnología, entonces cambiemos el negocio y quedémonos con la tecnología.

Origen: Fotomultas: el problema es el negocio, no la tecnología – pedestre

Speed camera 2

  1. Una cosa es una herramienta y otra muy distinta es quién la utiliza y cómo la utiliza.
  2. Las fotomultas (aka fotorradares) han demostrado ser una herramienta muy efectiva para bajar velocidades en las calles de las ciudades que las han implementado y con ello reducir el número de víctimas de incidentes de tránsito. Para los incrédulos, un buen resumen se puede encontrar en el trabajo de Wilson et al. (2012), quienes hicieron una exhaustiva revisión de 35 estudios que cumplían con criterios de análisis previamente establecidos. Conclusión principal: todas las investigaciones detectaron un descenso en las velocidades promedio de circulación en las vías donde se instalaron sistemas del tipo fotomulta. Así, la reducción del número de vehículos circulando a velocidades por sobre lo permitido varía entre el 8 y el 70%, situándose generalmente en rangos entre el 10 y el 35%. El impacto depende del tipo vialidad en donde las cámaras se instalen, de la severidad de los castigos, y de la posibilidad real de ser castigado. Lo más importante: varios estudios señalan que las fotomultas no sólo reducen velocidades en los lugares específicos donde se instalan; también ayudan a cambiar conductas de manera permanente.
  3. Por más que busco, no encuentro estudios que señalen efectos negativos, reducidos o nulos de las fotomultas. Una excepción es la investigación de Novoa et al. (2009), que teniendo a Barcelona como caso de estudio no encontró evidencia suficiente para señalar impactos positivos de los fotorradares ubicados en las calles estructurales de la ciudad. Sin embargo, en el caso de autopistas urbanas los investigadores sí pudieron determinar una reducción de un 30% en el número incidentes de tránsito y de un 26% en la cifra de víctimas, por lo que recomiendan su instalación en este tipo de vías.
  4. La falta de bases de datos confiables es uno de los grandes problemas de las políticas de  seguridad vial en la Ciudad de México. Como tengo serias sospechas sobre las estadísticas que andan dando vueltas sobre el tema (muchas aportadas por quien tiene el contrato de concesión), me quedo con la muy subjetiva impresión personal, que dice que en las vías donde se han instalado dispositivos de fotomultas ha bajado el número de automovilistas que creen que las calles son un autódromo. Otras personas consultadas son de la misma opinión, subjetiva pero válida a falta de números confiables e independientes (aquí una columna de Carlos Puig sobre el tema).
  5. Las fotomultas constituyen un verdadero acto de fe. Lo que recibe un infraccionado en su hogar es la copia de una foto estática de un automóvil, que bien puede estar circulando a 20 como a 200 kilómetros por hora. Como nadie cuenta con un registro detallado de las velocidades a las que conduce, no queda otra que creerle a los 120 kilómetros por hora capturados por el radar y que son el motivo de la infracción. Insisto, es un verdadero acto de fe en el que, a falta de otras pruebas, tenemos que confiar de manera ciega en la precisión de una maquinita y en la honestidad de la institución que está detrás de ella.
  6. Otra visión sobre el mismo punto: el que haya una tecnología detrás de la infracción ayuda a dar transparencia al sistema. Bajo esta perspectiva, con las fotomultas desaparecen los muy extendidos abusos policiales, basados en subjetivas impresiones, y con ellos los procedimientos de negociación (llámense mordidas) a los que los agentes de tránsito de la ciudad son particularmente aficionados.
  7. No basta que los sistemas sean transparentes, también deben parecerlo. Si las fotomultas son un acto de fe, en la Ciudad de México están dadas todas las condiciones para declararse ferviente ateo. El problema no es la tecnología utilizada, sino el esquema de negocio montado detrás de ella. Asignar a dedo un contrato millonario, existiendo muchas empresas capaces de proveer la tecnología, hace que las cosas comiencen oscuras. Sin embargo, el asunto se pone peor al saber que ese contrato establece que el concesionario recibe un 46% de los ingresos provenientes de cada infracción cursada; en otras palabras, lo que mueve al privado no es bajar velocidades, sino infraccionar tanto como sea posible para así aumentar sus ingresos. Un contrato opaco con incentivos equivocados es el que mancha la credibilidad de un sistema que internacionalmente ha dado muy buenos resultados.
  8. Si el problema es el negocio y no la tecnología, entonces cambiemos el negocio y quedémonos con la tecnología. Para dar transparencia al sistema creo fundamental declarar nulo el contrato de concesión bajo el cual funcionan las fotomultas en la Ciudad de México (investigar posibles actos de corrupción y sancionar a los culpables también debiera ir en el paquete de medidas, pero siendo honestos eso cae en el terreno de la más absoluta ingenuidad). ¿Qué hacemos después? Una posibilidad es dejar la responsabilidad en la policía local, que se supone no actúa guiada por fines de lucro (recuerdo, éste es un acto de fe) y creer en su capacidad técnica para operar el sistema de manera adecuada. La segunda opción es volver a dejar el sistema en manos de un privado, que se adjudique el contrato en una licitación abierta con una propuesta a suma alzada, es decir, que sus ingresos sean fijos, sin importar el número de multas cursadas. Si se quiere más transparencia, puede nombrarse una institución externa, que dé garantías a la ciudadanía, encargada de la vigilancia de la correcta aplicación de las infracciones.
  9. Podemos ir un paso más lejos. Si lo que molesta y produce suspicacias es el dinero detrás de las multas, entonces podemos reemplazarlas por otro tipo de penalización, como la suspensión de la licencia de conducir o la realización de trabajo comunitario (¿cómo andarían los infractores trabajando una semana en la protección de cruces escolares, por ejemplo?) Con esto se perderían recursos para financiar el sistema u otros proyectos de seguridad vial, pero si se cumple el objetivo de reducir velocidades y salvar vidas, entonces adelante.
  10. Una última reflexión. Lo de las fotomultas antes se llamó CCChapultepec, CETRAM y parquímetros, todos proyectos necesarios o convenientes para la Ciudad de México pero oscurecidos por la sombra del excesivo afán de lucro y la falta de transparencia, por no hablar derechamente de corrupción. Que salvar vidas no sea el pretexto para la realización de negocios turbios; para esa defensa al menos yo no me presto.
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Acerca de salvolomas

Asociación vecinal, cuyo objeto es preservar la colonia habitacional unifamiliar, sus calles arboladas con aceras caminables, con trafico calmado, seguras para bici, parques, areas verdes, centros de barrio de uso mixto accesibles a pie y oficinas solo en áreas designadas.
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