La deconstruccion continua de las ciudades en EUA (y MX)

El nuevo libro de Peter Moskowitz sobre la gentrificación (“How to Kill a City: Gentrification, Inequality, and the Fight for the Neighborhood”) esboza cómo los gobiernos locales ceden su poder sobre la vida de los residentes a intereses privados.

Origen: The Steady Deconstruction of America’s Cities – CityLab

GILLIAN B. WHITE @gillianbwhite Mar 9, 2017
Paul Sancya/AP

Vivir en una ciudad es verla cambiar, a veces de forma rápida y preocupante. Estos cambios, la mayoría de las veces, son producto de decisiones de urbanistas en los que, residentes de muchos años a menudo tienen poca aportacion o influencia. A este proceso generalmente se le refiere con el término: gentrificacion. Pero no hay una sola respuesta a las preguntas de que significa realmente la gentrificación, qué la causa, quién la controla y cómo cambia en realidad los vecindarios y a las personas que ahí viven.

How to Kill a City: Gentrification, Inequality, and the Fight for the Neighborhood, Un nuevo libro del periodista Peter Moskowitz, aporta algo de una muy necesaria claridad al pensamiento sobre un concepto resbaladizo. “Mientras que renovación urbana, la suburbanización de ciudades y otras formas de creación de capital son relativamente fáciles de detectar (una carretera construida atravésando un barrio es un relativamente obvio evento), la gentrificación es más discreta, dispersa y sin meter manos”, escribe. Moskowitz se suma al creciente canon dirigido a comprender y explicar el proceso de gentrificación, y él, no tan sutilmente, sugiere que mientras la gentrificación trae naturalmente algunas mejoras a una ciudad, incluyendo más gente y dinero, también frecuentemente mata algunas tradiciones culturales y diversidad, las meras características que hacen a las ciudades tan dinámicas y deseables en primer lugar.

Moskowitz cuenta cómo la gentrificación se ha precipitado a traves de algunas de las ciudades más grandes de Estados Unidos, escribiendo estudios de casos de Detroit, San Francisco, Nueva York y Nueva Orleans post-Katrina. En cada ciudad hay problemas y circunstancias específicas que ayudaron el proceso, pero es sorprendente lo similares que son las elecciones hechas por políticos, líderes empresariales y desarrolladores -y sus efectos sobre los pobres- están en todo el país. La gentrificación, en cada una de estas ciudades, desmantela y desplaza vecindarios y comunidades existentes para dar paso a nuevos residentes que son en su mayoría más blancos y siempre más ricos que los que los precedieron. Y las mismas elecciones parecen hacerse una y otra vez.

Mientras que Moskowitz incluye las historias importantes de aquellos que llamaron a un vecindario casa, mucho antes de que cafés y condominios de lujo aparecieran, es su esbozo del proceso sistémico de desplazamiento que es el más devastador. Demuestra convincentemente cómo las elecciones que una ciudad y su gobierno hacen en nombre de una economía en auge asignan valor a unos residentes y no a otros: Desde elecciones sobre dónde y cómo financiar viviendas asequibles, de invertir en escuelas públicas, de apoyar nuevos negocios locales, pero no los viejos, el proceso que lleva por nombre el de “revitalización” es a menudo algo más pernicioso.

En la seccion de How to Kill a City relativa a New Orleans, Moskowitz destaca el desigual tratamiento de vecindarios pobres y ricos en el período post-Katrina, señalando que algunos que veían la necesidad de una revitalización económica han dicho que la tormenta despejó algunos de los vecindarios menos deseables, dejando lugar para que sean reconstruidos sin tanta concentración de pobreza y abandono. Pero también estaban siendo reconstruidos más lentamente y de una manera que en última instancia dejó a sus residentes anteriores a la deriva. Además, según Moskowitz, cambios a los servicios básicos de la ciudad, en particular su sistema escolar, pusieron en desventaja a las familias más pobres, que eran agobiadas por un desproporcionado papeleo. La ciudad también desmanteló el sindicato de maestros, que había ayudado a construir parte de la clase media negra de Nueva Orleáns.

En su crónica de Detroit, Moskowitz muestra cómo la gentrification difiere en una ciudad que está continuamente vaciandose debido a dificultades económicas más que un desastre natural. Apunta que en un intento en 2010 para refundar la ciudad como un centro urbano en ascenso. en lugar de uno enfrentando un pasmoso fracaso financiero, el alcalde de la ciudad, Dave Bing, propuso reducir los límites de Detroit para centrarse en el centro de la ciudad mientras que recortaba el anillo exterior que luchaba. La idea, aunque fue derrotada, ha tenido implicaciones duraderas sobre la manera en que la gente conceptualiza la ciudad, sostiene Moskowitz, con desarrolladores, urbanistas y corporaciones concentrando la mayor parte de su energía y dinero en una sección relativamente pequeña de ésta. “El nuevo Detroit es ahora un circuito casi cerrado”, escribe, “Es posible vivir en este nuevo Detroit y esencialmente nunca poner pie en el viejo”. Y después de declararse en bancarrota, el gobierno de la ciudad ha tenido menos poder para planear el futuro de la ciudad, dejándolo en manos de desarrolladores y organizaciones sin fines de lucro, que aún pueden tener una visión algo limitada de lo que califica como Detroit.

En todo el país, las mismas elecciones en torno a la gentrificación se hacen una y otra vez..

San Francisco y Nueva York, de muchas maneras, tienen problemas y oportunidades que son opuestas a las de Detroit. En lugar de querer generar el crecimiento económico en áreas concentradas, los residentes están luchando por contenerlo. A medida que San Francisco se convierte en un centro para empresas más grandes y ricas y sus empleados, el desplazamiento de residentes de mucho tiempo ha superado por mucho cualquier esfuerzo para mantener o crear vivienda asequible en la ciudad. Y a pesar de tener economías estables, tendencias liberales y alta participación en política municipal tanto en Nueva York como San Francisco, las políticas que potencialmente podrían ayudar a residentes más pobres han llegado mucho más lentas y menos sólidas que el influjo de nuevo capital privado que devora vecindarios y desplaza residentes. En casi todas las ciudades que Moskowitz examina, encuentra que las elecciones de gobiernos de ciudad y estado limitaron la creación de vivienda asequible y cambiaron políticas de vivienda-pública, dando a los residentes más pobres poco albergue en ciudades cada vez más caras.

En última instancia, Moskowitz dice que gran parte del problema, cuando se trata del incesante ritmo de gentrification es que es un proceso que a menudo implica inversiones y decisiones de entidades privadas, incluyendo desarrolladores y grandes corporaciones, que deciden establecerse en nuevos vecindarios. De alguna manera, eso es grandioso para las áreas que no saben que hacer, pero cuando líderes de la ciudad se vuelven demasiado dependientes de los planes y dólares del sector privado, la gente que habian vivido y trabajado en estos barrios todo el tiempo no tienen a nadie que los cuide y a las vidas que han construido. Las organizaciones privadas tienen diferentes intereses y responsabilidades cuando se trata de hacer planes para mejorar un barrio. Y eso puede significar que sus inversiones no sucedan de una manera igualitaria, o beneficien a un grupo diverso de residentes.

Relativo a este punto, Moskowitz escribe:

Creer que los ‘hipsters’ pueden revertir las consecuencias del capitalismo de última etapa es un pensamiento más atractivo para urbanistas en ciudades con dinero escaso que darse cuenta de que muchas ciudades americanas están, por ahora, atoradas gracias a la declinacion postindustrial y la creciente desigualdad. La gentrificación puede proporcionar una nueva base gravable, pero también rehace lo que son las ciudades, convirtiéndolas en partidarios explícitos de la desigualdad, dependientes en esta para autofinanciarse, pero aun incapaz de satisfacer las necesidades de sus pobres. Una solución real a la economía de ciudades estadounidenses requeriría más trabajo: más impuestos, más leyes, más intervención del gobierno federal. Esas cosas son difíciles. La gentrificación es fácil.

Moskowitz dice que aunque la gentrificación es un problema en casi todos los países desarrollados del mundo, su propensión a convertirse en una crisis hecha y derecha en ciudades estadounidenses tiene mucho que ver con la insuficiente regulación de vivienda. “En casi todas las demás naciones industrializadas, aparte de EUA, hay casi consenso de que los mercados de tierra puramente privados no satisfarán las necesidades de los pobres y, por tanto, han tomado medidas para asegurar que al menos algo de tierra quede fuera del mercado o sujeta a regulaciones que la hagan asequible. ”

Y en esa vena, Moskowitz tiene algunas ideas para cómo aminorar la punzada de la gentrificación: ampliando y protegiendo el acceso a tierras públicas y dandole mas voz a residentes en la ciudad mediante juntas comunitarias y organizaciones similares, para nombrar dos posibilidades. Moskowitz también quiere regular fuertemente la vivienda y aumentar impuestos, salarios y el gasto en los pobres. No espera que todos, o la mayoría, de estos planes lleguen a buen término. Pero la implementación de cualquiera de ellos, escribe, constituiría un progreso.

This post originally appeared on The Atlantic.

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