La Naturaleza Necesita Ciudades

Origen: Why Nature Needs Cities | The Huffington Post

  San Antonio (by: Brandon Watts, creative commons)

Las ciudades necesitan de la naturaleza, como escribí en un  ensayo previo. Pero lo que no se entiende tan bien es que la naturaleza también necesita de las ciudades. Simplemente no hay manera de que podamos proteger y mantener un paisaje rural hermoso, próspero, natural fuera de las ciudades si seguimos extendiendo carreteras y la expansión suburbana a través del campo. Ciudades saludables, robustas y hermosas donde la gente quiere vivir son críticas para la protección de la naturaleza.

Parafraseando a mi amiga Trisha (que acuñó la frase que se convirtió en título de mi ultimo libro), el hábitat natural necesita un correspondiente “hábitat de personas” fuerte, de modo que la gente sea atraída a nuestros propios lugares y disfruten, pero no vulneren permanentemente esos lugares extraordinarios donde los humanos siguen siendo secundarios a otras partes de la naturaleza.

He estado reflexionando sobre estos temas porque este año marca el 50 aniversario de la histórica Ley Federal de Wilderness Act de 1964. Esa ley tan importante es elocuente en su reconocimiento de los lugares naturales:

“Un zona natural salvaje, en contraste con aquellas áreas donde el hombre y sus propias obras dominan el paisaje, es reconocido aqui como un área donde la tierra y comunidad de vida son libres de intervenciones del hombre, donde el hombre mismo es un visitante que no permanece”.

Entre las ciudades y las verdaderas zonas naturales salvajes se encuentra el “paisaje de explotación” de EUA rural, – granjas, bosques, pesquerías, ranchos y demás,– donde los humanos deben actuar como administradores de los recursos naturales de la tierra. Necesitamos nuestro paisaje rural y sus frutos para ser sostenidos de modo que sobrevivamos armoniosamente hacia el futuro.

Amo las ciudades en gran parte porque amo el paisaje natural y rural.

Por mucho tiempo, la comunidad ambientalista de EUA celebraba las areas naturales salvajes y el paisaje rural en tanto que despreciaba a las ciudades y pueblos. El Lago Walden de Thoreau y el Valle Yosemite de John Muir fueron vistos como el ideal, mientras que las ciudades eran vistas como fuente de basura y contaminación, algo de lo debia uno mantenerse alejado. Si acaso los ecologistas se involucraban en algo con las ciudades, es probable que fuera en los esfuerzos para oponerse al desarrollo, con el desafortunado efecto secundario de hacer que el entorno edificado se dispersara más, invadiendo más de la naturaleza.

Mt Mitchell, NC (c2014 F Kaid Benfield)

Hemos recorrido un largo camino desde entonces, aúnque no lo suficientemente lejos. Estuvimos y permanecemos en lo correcto de defender naturaleza, vida silvestre y paisaje rural como lugares críticos de celebrar y preservar. Pero lo que ahora comprendemos, muchos de nosotros, es que ciudades y pueblos, grandes y pequeños -las comunidades donde por milenios la gente ha agregado en busca de un comercio más eficiente y de compartir recursos y redes sociales- son realmente la solución medioambiental, no el problema: la mejor manera de salvar las areas naturales primitivas es mediante comunidades fuertes, compactas, bellas que son más, no menos urbanas y no invaden lugares de valor natural significativo.

Para que nuestras ciudades y pueblos funcionen exitosamente como hábitat de gente, debemos hacerlas grandes, pero siempre dentro de una forma decididamente urbana, no_expansiva y dispersa. Resulta, que vivir compactamente, en comunidades de calles, hogares, tiendas, lugares de trabajo, escuelas y similares reunidos a una escala caminable -no sólo ayuda a salvar el paisaje; también disminuye la contaminación y el consumo de recursos. No condicimos tan lejos ni tan frecuente; compartimos infraestructura. Mientras que urbanistas ideológicos (incluidos autores recientes como Edward Glaeser y David Owen) son a veces exagerados en exaltar las virtudes de la densidad urbana sin prestar atención a las otras cosas que hacen que las ciudades sean atractivas y exitosas, tienen absoluta razon de que la vida en ciudad reduce el consumo de energia, emisiones de carbono y otros impactos ambientales.

Si las ciudades sanas y robustas son, como creo, esenciales para la protección de la naturaleza, entonces muchas cuestiones urbanas también se convierten en cuestiones ambientales. La Vivienda asequible se convierte en una cuestión ambiental, por ejemplo, porque si los compradores de vivienda y arrendadores no pueden encontrarla en las ciudades, “conducirán hasta llegar al borde suburbano en busca de costos más bajos. La educacion Urbana se convierte en una cuestión ambiental, porque padres jóvenes no sacrificarán la educación de sus hijos para permanecer cerca del centro. La seguridad pública se convierte en una cuestión ambiental. Y así sucesivamente.

Para que el medio ambiente sea éxitoso, necesitamos ciudades éxitosas. Y necesitamos que las ciudades tengan éxito no sólo para los jóvenes, relativamente ricos que se han estado mudando el centro de la ciudad en años recientes, sino para familias también, para personas de todos los niveles de ingreso y edades. Y, francamente, también necesitamos suburbios bien planificados que sean éxitosos, pero de una manera menos extendida y dispersa, más caminable de lo que hemos típicamente edificado en décadas recientes.

Highlands' Garden Village, Denver (courtesy of Peter Calthorpe)

Las implicaciones se intensificaran: en los próximos 25 años, según los demógrafos, la población de EUA aumentará en 70 millones de personas y 50 millones de hogares, el equivalente de añadir Francia o Alemania a EUA. Con una combinación de construir nuevas viviendas, lugares de trabajo, tiendas y escuelas y el remplazo de aquellos que llegan al fin de sus vidas funcionales, la mitad del entorno edificado que tendremos sobre el terreno en 25 años, hoy no existe.

Estas circunstancias nos presentan no sólo un formidable desafío, sino también una tremenda oportunidad para hacer las cosas bien. Desafortunadamente, prácticas del pasado han causado mucho daño, especialmente en la segunda mitad del siglo XX, cuando EUA desinvirtió severamente al interior de nuestras ciudades y pueblos tradicionales, mientras la población, la inversión y la base gravable huyo (literalmente) a pastos más verdes. El resultado, como hoy conocemos muy bien, ha sido la profanación del paisaje natural y rural que muchos amamos dejando atrás infraestructura en deterioro, aire y vías navegables contaminados, y poblaciones agobiadas.

Ciudades y pueblos más antiguos con ingresos cada vez más reducidos hicieron lo que pudieron, pero los problemas críticos como la basura, el transporte público, el mantenimiento de calles y aceras, parques, bibliotecas y escuelas de vecindario– temas en los que la atencion e inversion pudieron hacer la diferencia fueron descuidados por completo. Mientras tanto, la expansión dispersa urbana provocó que la tasa de conducción creciera tres veces más rápido que la población, disparando las emisiones de carbono y otras por el techo mientras que requerían aun nueva y mas costosa infraestructura que se construyó mientras descuidábamos la antigua. (La tasa de conducción ha bajado desde entonces, pero no a nivel que pueda considerarse sostenible.)

No podemos permitir que el futuro imite el pasado reciente. Necesitamos que nuestras ciudades interiores y comunidades tradicionales absorban lo más posible de nuestro crecimiento anticipado, para mantener los impactos por incremento de crecimiento lo más bajo posible. Y para ello, necesitamos ciudades que vuelvan a la vida, con grandes vecindarios y calles completas, con caminabilidad y transporte público que funcionen bien, con parques y ríos limpios, con aire que sea seguro para respirar y agua segura para beber.

Esto, creo, nos lleva a algunos imperativos: donde las ciudades han sido desinvertidas, debemos reconstruirlas; donde las poblaciones han sido descuidadas, debemos darles oportunidades; donde a los suburbios se les ha permitido expanderse sin sentido, debemos readaptarlos y mejorarlos. Estas no son sólo cuestiones económicas y sociales: son cuestiones medioambientales, tan merecedoras de atención de la comunidad ambientalista como la preservación de la naturaleza. De hecho, son parte integrante de la preservación de la naturaleza.

Maryland farmland (by: Orbital Joe, creative commons)

Mi paisaje norteamericano favorito es en los Apalaches del Sur: el Blue Ridge y las Great Smoky Mountains. Es donde crecí. Quizás el tuyo está en otra parte del país: las Cascade Mountains, o la Costa del Pacífico; el Desierto de Sonora o los Badlands de Dakota del Sur; el sendero de Natchez o las montañas San Juan; la gran tierra de ranchos del condado Steinbeck en California, o las tierras de labranza de Minnesota o el país Amish de Pennsylvania; la costa rocosa de Maine o los suaves valles de pequeñas granjas en los Catskills. Si eres como yo, puedes incluso tener uno o dos lugares secretos que te guardarás para ti, antes de que se popularicen y conviertan en algo menos amable.

No hay duda de que nuestro continente tiene un paisaje de abundante belleza, y por desgracia, hoy menos de lo que alguna vez tuvimos. Nuestra responsabilidad con este tesoro nacional requiere una política pública protectora y una ética de conservación y administración mas fuerte. Pero también necesitamos ciudades fuertes y bellas capaces de hacer su trabajo de atraer gente nuevamente. Necesitamos ciudades que nutran y apoyen a la gente, al tiempo que son amables con el planeta. Necesitamos ciudades de distinción y resonancia emocional. En resumen, necesitamos un hábitat de gente que aspire a la misma grandeza que bendice lo mejor de nuestro hábitat natural.

Move your cursor over the images for credit information.

Kaid Benfield writes about community, development, and the environment on Huffington Post and in the national media.  Kaid’s new book, People Habitat: 25 Ways to Think About Greener, Healthier Cities, is distributed by Island Press and available from booksellers nationwide.

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Acerca de salvolomas

Asociación vecinal, cuyo objeto es preservar la colonia habitacional unifamiliar, sus calles arboladas con aceras caminables, con trafico calmado, seguras para bici, parques, areas verdes, centros de barrio de uso mixto accesibles a pie y oficinas solo en áreas designadas.
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