Sobre el impuesto a la tierra, Churchill lo dijo todo, mejor que nosotros.

Origen: Winston Churchill said it all better then we can | Current Affairs Comment

Winston Churchill pronunció este discurso en 1909. Nosotros mismos no podríamos presentar mejor el caso. Un siglo después, sigue siendo claro, conciso y directo. Se lo recomendaríamos a David Cameron y su equipo.

MONOPOLIO DE LA TIERRA no es el único monopolio, pero es por mucho el más grande de los monopolios: es un monopolio perpetuo y es la madre de todas las demás formas de monopolio. Los incrementos no ganados en la tierra no son la única forma de lucro no ganado o inmerecido, pero son la principal forma de incremento no ganado, y se derivan meramente de procesos que son no beneficiosos, sino positivamente perjudiciales para el público en general.

La tierra, que es una necesidad de la existencia humana, que es la fuente original de toda riqueza, que está estrictamente limitada en extensión, que está fijada en posición geográfica; la tierra, digo, difiere de todas las otras formas de propiedad, y las inmemorábles costumbres de casi todos los estados modernos han colocado la tenencia, la transferencia y las obligaciones de la tierra en una categoría completamente diferente de otras clases de propiedad.

Nada es más entretenido que ver los esfuerzos de monopolistas de la tierra para reclamar que otras formas de propiedad e incremento son similares en todos los aspectos a la tierra y el incremento no ganado en la tierra.

Hablan de los incrementadas beneficios de un médico o abogado obtenido del crecimiento de población en la ciudad en que viven. Hablan de las ganancias de un ferrocarril, de la creciente riqueza y actividad en las zonas a través de las cuales corre. Hablan de los beneficios de la elevacion en valor de las acciones e incluso las ganancias derivadas de la venta de obras de arte.

Pero mira cuán engañosas y falsas son todas esas analogías. Las ganancias inesperadas de la venta de una pintura, un Van Dyke o un Holbein, pueden ser muy considerables. Pero las pinturas no se interponen en el camino de nadie. No causan estragos en el trabajo de nadie; no tocan a las empresas y la producción; no afectan los procesos creativos de los que depende el bienestar material de millones.

Si una elevacion en el precio de acciones confiere ganancias a los afortunados tenedores mucho más allá de lo que esperaban o merecían, sin embargo ese beneficio no se obtuvo reteniendo de la comunidad la tierra que necesita; por el contrario, se cosechó proveyéndole a la industria capital sin el cual no podría sostenerse.

Si un ferrocarril obtiene mayores ganancias, es generalmente porque transporta más bienes y más pasajeros.

Si un médico o un abogado disfruta de una mejor práctica, es porque el médico atiende a más pacientes y pacientes más exigentes, y porque el abogado aboga por más demandas en las cortes y mas demandas importantes.

En cada etapa, el médico o el abogado está prestando servicios a cambio de sus honorarios.

Imagína comparar estos procesos saludables con el enriquecimiento que llega al propietario que posee una parcela de tierra en las afueras de una gran ciudad, que observa a la atareada población a su alrededor haciendo la ciudad más grande, más rica, más conveniente, más famosa cada día, mientras el se sienta y no hace nada.

Se hacen caminos, se hacen calles, se mejoran los servicios, la luz eléctrica transforma la noche en día, se trae agua de embalses a cientos de kilómetros de distancia en las montañas, y todo ese tiempo el terrateniente permanece sentado y quieto. Cada una de esas mejoras se lleva a cabo por el trabajo y costo de otras personas y los contribuyentes. A ninguna de esas mejoras contribuye el monopolista de la tierra, como monopolista de la tierra, y sin embargo, cada una de ellas, aumenta el valor de su tierra. No presta ningún servicio a la comunidad, no contribuye en nada al bienestar general, no contribuye en nada al proceso del que deriva su propio enriquecimiento.

Mientras la tierra esta lo que se llama “madurando” para el crecimiento no ganado de su propietario, el comerciante llendo a su oficina y el artesano llendo a su trabajo deben desviarse o pagar una tarifa para evitarlo. La gente pierde su oportunidad de usar la tierra, la ciudad y el estado pierden los impuestos que se habrían generado si el desarrollo natural hubiera tenido lugar, y mientras tanto el monopolista de la tierra solo tiene que sentarse quieto y mirar con complacencia su propiedad multiplicándose en valor, a veces muchas veces, ¡sin ningún esfuerzo o contribución de su parte!

Pero sigamos este proceso un poco más allá. La población de la ciudad crece y crece, la congestión en los barrios más pobres se agudiza, las rentas aumentan y miles de familias se amontonan en viviendas. Finalmente, la tierra está ‘madura’ para la venta, –lo que significa que el precio es demasiado tentador como para aguantar más tiempo. Y luego, y no sino hasta ese momento, se vende por yarda o por pulgada a 10 veces, o 20 veces, o incluso 50 veces su valor agrícola.

Cuanto mayor es la población alrededor de la tierra, mayor es el perjuicio que el público ha sufrido por su prolongada negativa a desarrollarse. Y, cuanto más inconveniente se causa a todos; más seria sera la pérdida en fuerza y actividad económica, y mayores serán los beneficios del terrateniente cuando finalmente se haga la venta. De hecho, puedes decir que el incremento no ganado en la tierra es cosechado por el monopolista de la tierra en proporción exacta, no al servicio, sino al perjuicio causado. El monopolio es la clave, y donde el monopolio prevalece, y mayor es el daño a la sociedad, mayor es la recompensa para el monopolista. Este perverso proceso afecta a toda forma de actividad industrial. A la municipalidad, deseosa de calles más anchas, mejores casas, ciudades más sanas, decentes y científicamente planificadas, se le hace pagar más para obtenerlos en proporción a lo que se esforzo para hacer mejoras en el pasado. Cuanto más haya mejorado la ciudad, más tendrá que pagar por cualquier terreno que pueda desear adquirir para futuras mejoras.

Al fabricante que propone comenzar una nueva industria, proponiendo erigir una gran fábrica que ofrece empleo a miles de personas, se le hace pagar tal precio por su tierra que el precio de compra se cuelga al cuello de todo su negocio, obstaculizando su poder competitivo en cada mercado, obstruyéndolo mucho más que cualquier arancel extranjero en su competencia de exportación, y el precio de la tierra presiona a la baja los beneficios del fabricante y salarios del trabajador.

No importa dónde mires o qué ejemplos selecciones, verás cada forma de empresa, cada paso en el progreso material, solo se lleva a cabo después de que el monopolista de la tierra ha esquilmado la crema para sí mismo, y hoy en todos lados, el hombre o el cuerpo público que desee poner tierra a su maximo uso se ve forzado a pagar una multa preliminar en valores de la tierra al hombre que la está poniendo a un uso inferior, y en algunos casos a ningún uso en absoluto. Todo se revierte al valor de la tierra, y su dueño puede obtener una exaccion sobre todas las demás formas de riqueza y toda forma de industria. Una porción, y en casos el total, de cada beneficio que es laboriosamente conseguido por la comunidad incrementa el valor de la tierra y automáticamente se canaliza el bolsillo del terrateniente. Si hay un aumento en salarios, las rentas pueden subir, porque los trabajadores pueden pagar un poco más. Si abrir un nuevo ferrocarril o un nuevo tranvía, o establecer servicios mejorados por disminución en los pasajes, o una nueva invención, o cualquier otra conveniencia pública que proporciona beneficios a los trabajadores en cualquier distrito en particular, se hace mas facil la vida y por tanto el terrateniente puede cobrarles más por el privilegio de vivir allí.

Hace algunos años, en Londres, había una barra de peaje en un puente cruzando el Támesis, y todos los trabajadores que vivían en el lado sur del río tenían que pagar un peaje diario de un centavo por ir y regresar de su trabajo. El espectáculo de esta pobre gente siendo exprimida de una proporción tan grande de sus ingresos ofendió la conciencia pública, y se levanto la agitación, las autoridades municipales fueron despertadas y se liberó el puente y a costa de los contribuyentes, elimino el peaje. Todas las personas que usaban el puente se ahorraron seis peniques a la semana, pero en muy poco tiempo las rentas en el lado sur del río aumentaron alrededor de seis peniques a la semana, ¡o la cantidad del peaje que se había reducido!

Y un amigo mío me decia el otro día que en la parroquia de Southwark, repartían alrededor de 350 libras al año en ayudas de pan por gente caritativa en conexión con una de las iglesias. ¡Como consecuencia de esta caridad, la competencia por las casas pequeñas y viviendas de una habitación es tan grande que las rentas son considerablemente más altas en la parroquia!

Espero que comprendan que, cuando hablo del monopolista de la tierra, estoy tratando más con el proceso que con el propietario individual de la tierra que, en la mayoría de los casos, es una persona digna totalmente inconsciente del carácter de los métodos por los cuales se enriquece.

No deseo llevar a ninguna clase a la desaprobación pública. No creo que el hombre que gana dinero por un incremento no ganado en la tierra sea moralmente peor que cualquier otra persona que acumule su ganancia donde la encuentra en este mundo difícil según la ley y de conformidad al uso común. No es al individuo al que ataco; es al sistema. No es el hombre el que es malo; es la ley la que es mala. No es el hombre al que hay que culpar por hacer lo que la ley permite y lo que otros hombres hacen; es el Estado el que sería culpable si no se esforzase por reformar la ley y corregir la práctica.

No queremos castigar al propietario.

Queremos alterar la ley

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Y un misterio, por el cual estoy agradecido al autor Andy Wightman, quien está escribiendo un libro llamado “Los pobres no tenían abogados”, que trata de cómo la tierra fue apropiada a ser propiedad privada en Escocia. Generalmente se dice que el discurso se dio en la Cámara de los Comunes el 4 de marzo de 1909, pero aquí está el enlace a Hansard para el 4 de mayo de 1909. El debate sobre LVT esta en la Col 907 en http://hansard.millbanksystems.com/sittings/1909/mayo/04 Churchill no fue orador. Según fuente, http://www.cooperativeindividualism.org/churchill_monopolyspeech.html, se dio en el King’s Theatre de Edimburgo, el 17 de julio, y en el libro de Edward Dodson, The Discovery of First Principles, pág. 406, se dice que fue entregada en 17 de mayo de 1909.

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Acerca de salvolomas

Asociación vecinal, cuyo objeto es preservar la colonia habitacional unifamiliar, sus calles arboladas con aceras caminables, con trafico calmado, seguras para bici, parques, areas verdes, centros de barrio de uso mixto accesibles a pie y oficinas solo en áreas designadas.
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